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Cultura

Bmx girl freestyle

El bmx es un deporte que se realiza en bicicleta rodada 20…

Bmx girl freestyle

Selene Jazmin López Diaz

Mi nombre es Selene Jazmin López Diaz, soy conocida como Serene Ropesu que es la traducción de mi nombre (Selene López) al japonés y hoy uso como pseudónimo.

Tengo 26 años soy fotógrafa y deportista en Bmx freestyle.

El bmx es un deporte que se realiza en bicicleta rodada 20, su geometría y peso son diferentes a los de las bicis comunes porque se utiliza para hacer acrobacias ya sea en rampa (parques, bowls) o en la calle. Esta última es mi favorita.

Empecé practicando skate en Toluca, recuerdo que me llamaba mucho la atención lo que mi hermano mayor, Michelle, hacía con una patineta. A los 14 me compré mi primera patineta en un bazar y empecé a practicarlo.

Era muy raro que hubiera parques para ir a patinar, en Toluca había más calles (street), bardas, escalones, jardineras. Todo lo que puedas ver en la calle y te funcione para realizar un truco es llamado spot.

Cuando tenía 17 años se inauguró el parque Bicentenario más conocido como «ex Zona militar» y adaptaron un espacio con rampas para los que hacíamos estos deportes.

Cuando comencé a practicar con mi patineta hubo un día en especial que fui y vi a tres chicos en bicicletas pequeñas haciendo locuras, volaban de un lado a otro, daban giros, se deslizaban en tubos, entonces ahí fue donde el mundo del Bmx y la bicicleta me enamoró. Su energía y libertad, simplemente el ser puros y fiel a ellos mismos a través de la bici me cautivó tanto que desde ese día mi vida cambió. Estuve trabajando y estudiando a la vez para pagar mi primera bicicleta.

Llevo 8 maravillosos haciendo bmx y realmente lo amo. A través vez de mi Bici he conocido una parte importante de Selene: mis miedos, mi poder y mi espíritu. Cada vez que subo a mi bicicleta para hacer un truco es una batalla personal, la cual conlleva el miedo que siento por no saber qué pasará, si habrá una caída, si lo lograré, si puedo hacerlo.

Siempre he pensado que cuando piensas en algo ese pensamiento ya sembrado en ti es porque sabes que puedes hacerlo y sólo sigue creerlo, darle tiempo y hacerlo hasta que esto florezca.

Mi familia vive en Toluca, ciudad donde crecí y decidí dejar para venir a la Ciudad de México porque hay más espacios, más parques donde hacer bmx. ¨Porque uno de mis propósitos es hacer crecer la participación de la mujer en esta escena que aún sigue siendo escasa.

He asistido a muchas competencias, nunca me ha dado miedo ni pena concursar. Aunque las primeras veces no sabía hacer completamente nada, sin embargo, mi pensar siempre ha sido intentarlo y aprender de eso para poder ir escalando.

En la Ciudad de México se hacía un concurso grande llamado «dfctuosasbike contest» en el parque bajo puente de San Cosme o Normal. Las chicas que organizaban este concurso fueron las primeras en la ciudad que empezaron a abrir la escena femenil en el Bmx, por medio de Facebook me enteraba de estos movimientos y de que otras chicas estaban en este deporte, esa fue otra de las razones por las que me moví a vivir a la ciudad, más concursos más chicas ya que en Toluca no había mujeres que hicieran este deporte.

Puedo decir que cuando llegué a la Ciudad de México me fue difícil establecerme, llegué a vivir con mi abuela (por parte de mi padre) pero siempre asumiendo mis propios gastos. Conseguir empleo, tener nuevas amistades, moverme en la inmensa ciudad fue un reto durante meses.

Soy una mujer que nunca se da por vencida cuando una meta está en mi cabeza y la principal siempre ha sido representar a la mujer, abrir más espacios para las mujeres en los concursos grandes y esto sólo se logra asistiendo y teniendo presencia en todos los concursos.

En este momento estoy en el equipo de WIBIKES STREET shop de bmx en la Ciudad de México ubicado en Antillas #211 col. Portales. Llevo casi 3 años corriendo para ellos, me han apoyado este tiempo para las piezas y mantenimiento de mi bicicleta, y poder seguir haciéndolo. Me siento muy feliz y completa de poder estar con ellos porque me han hecho crecer como rider y como persona.

He podido tener la oportunidad de concursar y viajar a varios lugares, por ejemplo, Oaxaca, León, Guanajuato, Guadalajara, Cuernavaca, Tuxpan, Querétaro, las playas Acapulco, Cozumel. He tenido varios podiums desde mis inicios pero algo que siempre tengo en mente y en alto es que no sólo es ganar un primer lugar y ser la mejor, pienso que un ganador es aquel que siempre lucha contra sí, contra todo para llegar a donde quiere, sacrificando, teniendo paciencia, aceptando cuando eres de las últimas en la lista de concursantes porque todo eso, ese proceso de ir escalón por escalón y balancear el ego de ser el mejor y el primero a conocerte y superarte a cada intento es la lección, la moral que a uno lo va a formar para poder un día recibir y saber que lograste esa meta y puesto.

He tenido varias experiencias en donde me han hecho comentarios por mi apariencia, «machorra», «lesbiana», «hombre» y en realidad me da mucha gracia porque aun no comprendo por qué relacionan este deporte de esa manera. Algo que es muy real es que cualquier deporte transforma tu cuerpo a lo que necesitas para así adaptarse a lo que estás haciendo, en este caso siempre estás cargando una bicicleta. A mi gusto me encanta sentir esa adrenalina, me gusta ser ruda, cuando monto y hago trucos simplemente sale ese lado fuerte de Selene.

En muchas ocasiones por falta de chicas me ha tocado concursar en la categoría de hombres y es ahí donde yo veo la oportunidad porque al menos una persona pensará en nosotras y si poco a poco tengo que moverme incluso en las categorías varoniles para un día tener más categorías sólo para nosotras en donde sea igual la premiación, la calificación el respeto, lo haré.

He tenido varias experiencias en donde puedo decir que la forma de premiar a las mujeres y los hombres, incluso el trato, han sido desigual. Muchos dicen que todo pedimos, que si nos dan espacio no vamos, que si no hay buenos premios bla bla, creo que es algo justo de pensar que si ya hay chicas al nivel de los chicos por derecho merecemos un respeto y una premiación igual, hacemos lo mismo, luchamos por lo mismo. Esto todavía llevará tiempo, a mi parecer si siempre se mantiene una callada, todo seguirá igual por eso siempre estoy en movimiento mi mejor manera de protestarlo es haciéndolo y alzar la voz junto a mi bici.

He tenido bastantes experiencias buenas en viajes, en concursos en cualquier día normal, mucha gente me ha abierto las puertas de su casa y me ha brindado comida, agua, cama, es ahí donde agradezco todo lo que me ha dado el bmx: familias externas, amistades instantáneas, historias que jamás olvidaré, convivencias en donde todos somos iguales y compartimos el mismo espacio, con diferentes sueños, diferentes obstáculos pero al momento nos apoyamos.

Mi familia, mis padres al principio les costaba entender la forma en que llevaría mi vida haciendo esto, estar de un lado a otro, viajar, estar siempre afuera, pero desde el inicio nunca me detuvieron y cuando ellos vieron que realmente me importaba y no lo dejaría, han creído en mí incondicionalmente, mi primera motivación día a día es y serán ellos.

Claro que he tenido muchas caídas, fuertes, leves golpes, es parte de, han sido las que más me han enseñado a seguir, muchas veces entre llanto, desgaste mental porque es una batalla. He pensado en rendirme y entonces es cuando recuerdo todo lo que he hecho y pasado hasta donde estoy y me automotivo, hay muchos pensamientos que se me atraviesan como si de verdad esto es para mí o si es momento de dejarlo e irme a una oficina las 24/7 como todo el mundo, pero la vida y el universo cada vez que me siento abajo me manda una puerta por abrir que me lleva de nuevo a mi bici.

Actualmente sigo haciendo bmx, también comencé a tener gusto por la mecánica en bicicletas, y empecé mi marca de ropa estilo urbano llamada «TROPICAL SHIT».

Sé que algún día todo esto, estas historias, estos esfuerzos y estos movimientos que hacemos harán historia y serán parte importante del deporte, nos verán y seremos aún más ejemplos para las nuevas generaciones, y siempre pienso en hacer crecer esto no dejarlo morir porque haremos historia. Mi lema siempre ha sido «aquí y ahora», Porque cada que me enfrentó a bajar algunas escaleras, girar en algo alto, saltar, tomar con fuerza mi manubrio es el instante perfecto donde sé que estoy viva.

Larga vida al Bmx!

Instagram @Serenee_ropesu

Marca @tropicalshit

Facebook página @Selene López Bmx

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5 de comentarios

5 Comments

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Cultura

Las barbas de satán

¿Cómo, usted ha visto al diablo?

De la serie Guatemala y otros viajes. Fotografía de Fernando García Álvarez

Las barbas de satán

Fernando García Álvarez

 Tú no eres nunca la humanidad; tú solo eres tu propio yo desesperadamente aislado.

Paul Bowles

Para nuestra querida y respetada Periodista Tere Gil.

Debió de ser en la ciudad fronteriza de Tecún Umán en Guatemala no lo recuerdo bien, el caso es que lloviznaba y una brisa muy fresca me erizaba la piel, quizá no había comido ya sea por falta de apetito o dinero, pero en este momento de repente una sensación de ausencia en el estómago me invadió con cierta nostalgia, como la bruma que cubría el entorno de ese caserío de chozas de tablas en la pequeña ciudad anónima, cuando eres joven y te gusta viajar el poco dinero que te acompaña te permite comer solo una vez al día.

Algunas veces los dioses son buenos y te permiten algún bocadillo de los árboles frutales que a la vera del camino crecen como una bendición para caminantes y peregrinos o suele ocurrir que algún compañero de viaje comparta sus viandas alegrándote así la jornada, incluso he tenido la suerte de que choferes de camión, agentes viajeros y vendedores me inviten a comer y beber opíparamente después de levantarme en alguna carretera.

Mis botas estaban húmedas pero mis pies secos, lo sé porque ahora que muevo los dedos dentro de las pantuflas cierto confort radiante me llena. La mochila de gruesa piel, aunque llena pesaba apenas, era un bolso pequeño con pocas cosas dentro, el caminante ha de ir ligero, los mochilones de ciertos viajeros europeos solo delatan el apego y vacuidad del turista que nunca llegará a ser un auténtico viajero como ocurre con los protagonistas de la novela El cielo protector escrita en 1949 por el escritor, músico y fotógrafo estadounidense Paul Bowles:

Entre el turista y el viajero la primera diferencia reside en parte en el tiempo. Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que el siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra (yo añadiría y de su alma) El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla y el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan.

Paul Bowles

Ahora que me esfuerzo por traer el pasado a mi mente removiendo y hurgando con delicadeza en pequeños detalles extraviados como fragmentos de un jarrón roto en una excavación de antropólogos, pienso que también pudo ser en Puerto Barrios donde deambulé por un par de días esperando un barco que me llevaría a Livingstone, sitio donde estuve a punto de ser linchado por unos furibundos hombres originarios de color, sí aprendí que algunos lugares pueden tornarse peligrosos sobre todo cuando uno tiene una nacionalidad desprestigiada como en Livingstone, donde descubrí cierto odio atávico hacia los mexicanos.

Paisaje nocturno de la sierra michoacana. Fotografía de Fernando García Álvarez.

Pero mis emociones se aclaran un poco y dicen que no, analizando bien la situación debió ser en las proximidades de la frontera con México porque el lugar rebosaba de cantinas, burdeles y todo tipo de antros de mala muerte, cierro los ojos y me veo platicando con un vendedor de chocobanano que se movía en una chirriante bicicleta cubierta de óxido ya casi al anochecer, se acercó para platicar a la mesa en la que bebía una cerveza tibia pues no tenían hielo ni nevera.

Él estaba de paso como casi todos, iba al norte, quería llegar a EUA y le pareció absurdo que yo viajara al sur, era un salvadoreño desertor del ejército. Luego caminé acompañándolo en su venta por la pequeña ciudad casi pueblo y después de haber tomado una foto de la Barbería Maya (solo una era una cámara que usaba película fotográfica con apenas 36 exposiciones) le compré un par de piezas de chocobanano y me dirigí al hotel a cenar el plátano cubierto de chocolate y congelado a manera de paleta con una naranja y unas pupusas que conseguí por ahí por unos cuantos quetzales.

Pasada la medianoche desperté por el aullido de algo muy lejanamente parecido a un perro y por el ruido y la agitación en la habitación contigua, algo se estrellaba contra la pared, me di cuenta de que golpeaban a alguien y el cuerpo rebotaba dramáticamente contra la pared de tablas, alcé la voz pidiendo silencio y solo recibí amenazas a varias voces, luego escuché aullidos, gemidos y llantos. Salí a toda prisa buscando al recepcionista y le reclamé la situación.

El tipo estaba muerto de miedo y me dijo que nada podía hacer, que eran traficantes de personas y podían matarlo, que lo mejor para mí era encerrarme en la habitación en silencio o largarme. Cuando le mencioné la policía me vio con desprecio advirtiendo -son ellos mismos los traficantes. No sea pendejo.

De regreso en el cuarto, me atrincheré lo mejor que pude, empujé un desvencijado ropero contra la puerta seguido por la frágil cama, eran muebles baratos que estaban a punto de derrumbarse por sí solos.

Empuñando la navaja me tumbé sentado y como pude sobre la húmeda mochila y las raídas cobijas en un rincón opuesto a la rústica puerta mientras la golpiza continuaba el resto de la noche, y yo miraba sobre el piso y las paredes hordas de enormes cucarachas devorar vivos a otros insectos rastreros. Ya clareando el alba cesó el ruido y la violencia y me arrojé a la cama a dormir agotado y con las botas puestas hasta el medio día que vencía la renta del cuarto.

Gráfica urbana en los muros del centro de la Ciudad de México. Fotografía de Fernando García Álvarez.

Al salir del hotel el tipo de la recepción que leía una biblia de canto dorado me dijo -debería cortarse esa barba tan fea que tiene, es como la que luego traen los guerrilleros o peor, es como la que usa el diablo.

-¿Cómo, usted ha visto al diablo? – contesté socarrón mientras entregaba el candado de la habitación.

-El pastor lo ha visto y nos cuenta cómo es y dónde se mete, dice que el comunismo es cosa de satanás, así que ponga atención a su apariencia, no lo vayan a confundir – amenazó.

Busqué algo que comer y luego traté de encontrar la barbería que había fotografiado, pero fue inútil, jamás volví a verla, o desapareció en medio de un aquelarre chapín o estoy predestinado a pactar con los ejércitos púrpura de belcebú y lucir como un ente maléfico, acaso pobre diablo. Seguro era una barbería hechizada donde Lucifer y sus acólitos infernales acudían a ponerse guapos y yo que carezco de la debida membrecía no debía volver a encontrarla.

Recordando hoy estos detalles en medio de la profunda noche de las montañas michoacanas decido levantarme de la ancha banca de madera haciendo a un lado la mesa con la computadora portátil y atisbo por la ventana pues los perros ladran enloquecidos, ¿aúllan? los vidrios escurren gotas de vapor condensado, la frescura y la soledad de la media noche al igual que en Guatemala me eriza la piel y me lleva a pensar en la violencia que late germinando ahora en estos poblados.

Esta es también una tierra de migrantes que siempre van al norte, nunca al sur y desde mi lejana niñez existen esas mismas chozas de madera y tabique rojo marcadas con un logotipo político circular en tres colores como sinónimo de pobreza y opresión, atávica, soterrada, visible solo para los que le buscan las barbas al diablo porque aquí también hasta hace poco se podía leer en algunos muros de adobe “Cristianismo sí, comunismo no” y era igualmente peligroso adentrarse en caseríos y rancherías luciendo atuendos extranjeros o barbas largas que recordaran protagonistas políticos de otras latitudes geográficas e ideológicas. Aquí la ignorancia ha marcado como enemigo histórico a lo nuevo, al cambio cualquiera que sea su apariencia.

Mi abuelo, hombre enérgico y aguerrido nacido en esta comarca nos tenía prohibido salir a pasear en el caballo aun a sitios cercanos donde vivían algunos parientes, “La perra cuando es brava hasta los de casa muerde” decía en su sabiduría popular. Así de cerrada era o es esta sociedad donde el caciquismo de las mismas familias de siempre medra sin mancha, los mismos apellidos sucediéndose en el poder político y económico, las mismas dinámicas de reparto del presupuesto, la riqueza y negocios entre unos cuantos.

En la claridad del cielo nocturno aparece una estrella negra, un punto de sombra. Punto de sombra y puerta de reposo. Ve más lejos, traspasa la fina trama del cielo protector, descansa.

Paul Bowles

Dicen que hombres armados se pasean por este lugar, dicen que han dejado un par de seres descuartizados en costales sanguinolentos junto a la presidencia municipal, dicen que algunas veces los malos, la maña anuncia toque de queda, dicen que los tiempos del apocalipsis alcanzaron estos pueblos sin ley tan huérfanos desde siempre, dicen…

Aunque hemos pasado unos maravillosos días de reposo tratando de escribir, ejercitando la memoria para reblandecer los muros del olvido y avanzar hacia la razón, comiendo vegetales y alimentos muy sanos producidos en las rancherías y localidades vecinas que en la Ciudad de México son imposibles de conseguir, a pesar de la protección espiritual de los antepasados, los espíritus del bosque y la buena voluntad de vecinos y amigos para sanar la mente, el cuerpo y el alma se necesita cierto carácter y temple de acero para vivir en este bello y salvaje páramo de la montaña. El mismo que se requiere para ser mexicano a cabalidad en medio de una revolución.

El pasado y el presente son hermanos gemelos los lugares tan distantes son uno mismo en diferente dimensión y tiempo, Guatemala, México, la sierra, el mar caribe son interpretaciones y mundos perdidos entre ejércitos de letras, ideas y emociones que estamos condenados a evocar aun a sabiendas de que lo que se va jamás regresa, añoramos apenas rastros efímeros, espuma de resaca marina.

Este escribidor que ya peina canas se ha servido un dulce y vaporoso ponche de frutas para seguir dialogando con las hadas de la floresta y la memoria, afuera la jauría sigue gruñendo en feroz pelea cual cancerberos invencibles, aunque el sentido común aconseja no salir al descampado (menos en pantuflas) mi inquieta, atormentada alma opina lo contrario, quisiera ver de cerca a las fieras nocturnas de ser posible inmortalizarlas en una foto, ¿tú qué harías?

El alma es la parte más cansada del cuerpo.

Paul Bowles

 

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Cultura

Desde mi ardiente esquina

Candelaria, aunque grande, su cavidad es relativamente estrecha…

La Comuna en el centro de la Ciudad de México es una talentosa hermandad en la que el arte gastronómico destaca. Fotografía de Brenda Osnez.

Desde mi ardiente esquina

La partera del placer

Cuando formas parte de una comuna es difícil precisar las actividades que cada integrante va a realizar desde un principio, no hay jefes, no hay líderes, todos para todos, nadie para uno (¿cómo era?). En estos casos cada uno establece en función a su disposición y (en segundo término) a sus capacidades, la tarea a la que se puede comprometer. En mi caso, en la cadena de eslabones que conforman la creación de una pizza (el actual proyecto de la comuna), encontré mi lugar rápidamente: nadie puede soportar (sin correrse) (de sudor, digo) los niveles de (calentura) pirexia a los que llego y en los que permanezco toda la tarde. La posición de trabajo a la que a mí me gusta llamarle de «carbonera» es sin duda alguna el mejor trabajo que puede elegir una (candente) mujer reflexiva (como yo).

Cuando la gente piensa en el personal de una pizzería lo primero que viene a la mente es un saltimbanqui malabareando ágilmente un flexible disco de masa blanca y suave para después cubrirla con salsa de tomate, queso y (todas esas cositas ricas que nos inflaman el…)(colon) los ingredientes de nuestro agrado; quizá, también en los amables meseros y meseras tomando órdenes y sirviendo cerveza y vino (como verdaderas vacas sagradas), pero ¿acaso nadie se ha preguntado quién incuba con la calidez de un útero sólido y arcilloso la crujiente pieza que a la boca se llevan con semejante (lascivia) gusto? Y si es que han tenido ocasión de observar tan noble trabajo (que en este momento rebautizo como «parteros del deleite»), ¿no se ha despertado el fuego de la curiosidad sobre el discurrir del pensamiento de quien sólo refleja llamas en los ojos? No os preocupéis señoras y señores que el día de hoy les redactaré un día en la vida de la carbonera de la comuna (o la partera del deleite, como prefieran).

La Comuna en el centro de la Ciudad de México es una talentosa hermandad en la que el arte gastronómico destaca. Fotografía de Brenda Osnez.

Hacerse cargo de Candelaria (el horno es en realidad una ella) va más allá de meter y sacar (con mi enorme pala) apetecibles masas con queso de ella. Antes de entrar uno tiene que tocar las puertas, es protocolo (y decencia, sobre todo); una rápida inspección en sus paredes internas me ayudará a determinar si está en condiciones (y disposición, claro) de recibir los flagrantes y resplandecientes trozos (de madera). Normalmente me veo en la necesidad de introducirle una escobilla para limpiar los restos de pringue de la noche anterior (la muy insaciable), pero eso sólo toma un par de minutos. Una vez limpia, es hora de encender(le) la cosa. Candelaria, aunque grande, su cavidad es relativamente estrecha por lo que es importante tener palos chicos (insaciable pero no rigurosa) o de otra forma la pala no entra. Sé que los puristas se van a enardecer, pero me gusta ungir los (lúbricos) palos con un poco de aceite, favorece la inflamación, sobre todo en un principio cuando la llama no arde. Una vez que se enrojece el primer trozo (de madera) los demás prenden al poco tiempo (de ver se antoja) (la pizza), es cuestión de paciencia y determinación. La oxigenación en este punto es importante para ambas partes: bien es sabido que la combustión no es posible sin oxígeno, por lo que recomiendo (ampliamente) darle una (fuerte soplada) buena entrada de aire, eso siempre ayuda a prenderla rápido, pero cuidado, más de una vez con la cara de frente a la cavidad me ha sorprendido (avísenme) salpicándome el rostro de chispeantes partículas en llamas, así que más vale tener precaución a la hora de ejecutar maniobras avanzadas como ésta.

Una vez lograda la proeza de la ignición lo demás es lúdico; en ocasiones, durante el acto, llego a entrar en un reconfortante trance con la única sensación del rezumar de mis poros, la salinidad de mis labios y el lento discurrir del tiempo. En esos momentos de febril ofuscación de los sentidos mi pensamiento atraviesa como una flecha el fatídico («fétido» para ser exactos) sentido de todas las cosas: la entelequia (el fin, pues) del trigo, que más que una deliciosa pizza napolitana es el proceso digestivo, placentero, claro, pero que finalmente acaba (en el váter) convertido en (un pastel de) rigurosa (mierda) materia (fecal) orgánica, y está bien, la naturaleza es así.

Cuando despierto del (delicioso) letargo al que me induce la acalorada danza del fuego, normalmente a causa del (clímax) (de la noche, por supuesto) estrepitoso reír de un comensal por el éxtasis del momento o el grito de apoyo en la cocina, me siento relajada (nomás faltaba), distinta. No vuelves a ser el mismo tras ocho horas frente a las llamas.

La etapa más difícil de mis días con Candelaria es, sin duda, cuando las reservas de energía ya no dan para mantenerla (caliente) horneando, las fuerzas de mis músculos flaquean, la medianoche se acerca y los comensales van saliendo sonrientes (ebrios) y felizmente colmados de queso, pan y vino; es entonces cuando el fuego se va apagando (la costumbre…). Pasar de un vivo rojo a un naranja desvaído del escoldo nunca es fácil. Su calor me acoge hasta el último segundo y lo recuerda mi piel hasta el día en que nuestro indefectible ritual nos vuelva amalgamar.

La Comuna se encuentra ubicada en centro de la Ciudad de México, en la Colonia Obrera. Puedes contactarlos en la siguiente liga.

(20+) La Comuna Mx | Facebook

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Cultura

Gracias Patricio Castillo (Noviembre 1940- Abril 2021)

Su inteligencia y sensibilidad artísticas trasladadas al Rey-bufón de El escorial …

Ilustración de Fernando García Álvarez

Gracias Patricio Castillo

(Noviembre 1940- Abril 2021)                                                                            

Alegría Martínez

El intransigente alcalde Crispín que echó al aire su voz, tan sonora como las campanas del pueblo en El diluvio que viene, tomó cuerpo y rostro con la creación del actor Patricio Castillo, quien de la mano de Ludwik Margules encarnó años después al personaje del Amo, homenaje a Diderot de M. Kundera, sobre el escenario del entonces Teatro del Bosque, donde aún vibra la silueta del Pato junto a la de Fernando Balzaretti rumbo al infinito.

Su inteligencia y sensibilidad artísticas trasladadas al Rey-bufón de El escorial de Ghelderode, irradiaron el poder y la gracia que intercambiaban súbitamente los personajes encarnados por Patricio Castillo y Roberto Sosa ante un trono como único elemento, imán de todos los reinos erigidos en la ficción sobre un escenario, gracias a la fuerza y la brillante fragilidad que generó esta dupla actoral.

Bajo la piel del tozudo, tramposo y entrañable Phil Hogan, en Una luna para los malnacidos, de Eugene O’Neill, luminoso montaje de Mario Espinosa, el primer actor desplegó su registro artístico como un experto sobre la cuerda floja ante un desafío que implicó transparentar, tanto delicada como furiosamente, la gama emotiva de un personaje sacudido intermitentemente por su borrasca interior.

En Jugadores, al lado de Héctor Bonilla, Juan Carlos Colombo y José Alonso, el histrión hizo trasminar hasta el último rincón del teatro el dolor de su personaje, de pie entre el entusiasmo recobrado ante el final de su horizonte y la conciencia de lo perdido.

Con Rueda mi mente, monólogo de Licona, el Pato celebró 50 años de vida artística. Su creación de Habacuc -personaje de la tercera edad con alzheimer, que se aferraba a los muros de su casa tapizados con recordatorios como última oportunidad para conservar libertad y autonomía-, mantuvo el preciso equilibrio entre humor y tragedia para exponer el abismo.

Como uno de Los mosqueteros del rey, el Pato, de nuevo junto a Bonilla como parte del elenco, dio cátedra festiva de cómo jugar libremente sobre el escenario hasta contagiar de goce y desenfado a un público que no acertaba a saber de qué trataba finalmente la obra.

Experto del juego en serio como parte de la creación teatral, espacio en el que transitó cada vez con mayor madurez y estatura artística, Patricio Castillo, cuya ausencia física duele como la de un ser amado, sembró sin tregua los hallazgos de un hombre entregado por completo a un arte que continúa acercando a los seres humanos mucho tiempo después de la caída del telón.

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