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Arte

Cuento de invierno

Un hombre alegre, alto de luenga barba camina por el corredor de la casa…

Somorujo y Cocorrín

Fernando García Álvarez

A mis abuelos

Nada mejor que despertar calientito con los ojos dulcemente entrecerrados y desperezarse a pierna suelta en una esponjosa salea de borrego mientras el crepúsculo se anuncia fresco y oloroso a ocote y humo de leña seca, más delicioso aun si los chinacates magueyeros ya patinan en el aire juguetones haciendo piruetas a lo largo de la milpa, el pan casi listo dorándose en el horno y la leche hervida se enfría en un jarro sobre el pretil del vetusto corredor. Tímidamente surge la música de los grillos y a medida que se obscurece el cielo van creciendo las notas de la orquesta camuflada en la floresta.

-Mmm rrrñau hora de almorzar- piensa Somorujo y complacido estira sus músculos en todas direcciones, arquea la espalda como rama de capulín y encoge los brazos y las manos como un pianista interpretando a Chopin, lanza las piernas a los lados con esas patitas llenas de uñas tan filosas como pequeños garfios, la gorda cola parda igual a la de los mapaches adopta la postura de una serpiente que baila hipnotizada. Convertidas en radares giratorios sus orejas se inclinan rotando en todas direcciones y los bigotes aguamieleros van recuperando tono formados en hileras perfectamente delineadas.

Coocorrrín, coocorrrín, coocorrrín dice el canto que baja por la cañada de pinos y oyameles, se escucha el trino hasta el último rincón de la casa y somormujo se sienta con los ojos muy abiertos, acicalándose a lengüetazos largos, parsimoniosos y se rasca un poco para seguramente avispar a las pulgas. Estamos en el helado invierno y la neblina aflora saltando como una cascada de espuma desde la cumbre de la montaña y es tan nítida como el canto del cocorrín -una pequeña ave- que acostumbra desde tiempos inmemoriales a inaugurar las noches de la montaña, noches que abigarradas de vapores y ruidos misteriosos nutren las entrañas de la tierra.

Un hombre alegre, alto de luenga barba camina por el corredor de la casa seguido de cerca por un coro de maullidos, es el abuelo a quién llaman cariñosamente don Ángel y va llamando uno a uno y por su nombre a los hermanos de Somorujo; Tilín, Muti, Burro, Tiburcio, Aristófanes, Puma y a Gaiferina la gata barcina que con sus cuatro cachorros dando brincos y carreras se acercan al abuelo ya instalado cómodamente en una silla de madera labrada y trepan por sus piernas hasta el regazo donde reciben un trozo de crujiente pan recién hecho y remojado en leche tibia, siguen por turnos hasta que cada felino recibe de esas nudosas manos una cariñosa porción. El pantalón de don Ángel es una especie de musgoso archivo deshilado en el que se han registrado día a día todas las uñas de los escuincles bigotones de la casa.

– ¡Feliz nochebuena! – dice el abuelo a los felinos que ya satisfechos se acomodan a los pies del hombre.

A lo lejos se puede escuchar la algarabía de los chiquillos que rompen una piñata, los nietos de don Ángel e hijos de los vecinos cantan a coro los populares versos

¡Dale, dale, dale no pierdas el tino

Porque si lo pierdes, pierdes el camino

Bajen la piñata, bájenla un tantito

Que le den a palos poquito a poquito!

Una vez satisfecha el hambre y relamiéndose los bigotes Somorujo con la cola por todo lo alto atraviesa el corredor hasta el umbral de la puerta, se detiene y voltea para despedirse con una mirada, el abuelo sonriente lo mira divertido y le recuerda.

-El tecolote al ocote, el pingüino a su destino y la sal a su santísimo lugar; atención Somorujo brujo el botiquín está casi vacío, así que cuídate de la lechuza y los cazadores ¡eh pequeño bandido!, te quiero de vuelta completo; 2 orejas, rabo, cuatro patas y dieciocho dedos-

Y es que el pago por las andanzas en la montaña es alto; nuestro amigo ya perdió un ojo en una noche parecida a esta, fue en una feroz batalla con esa temible lechuza que apareció de la nada en el más absoluto sigilo para atacarlo sin piedad con dos poderosas garras por el lomo mientras encajaba en su cara el acerado y puntiagudo pico logrando extraerle un ojo, apenas una retahíla de zarpazos desesperados como respuesta lograron herir al ave que sorprendida lo soltó huyendo permitiéndole así salvar la vida. Su duro pellejo también guarda postas de plomo insertadas profusamente como doloroso recuerdo de los cazadores nocturnos que salen a matar todo lo que encuentran a su paso deslumbrando a las víctimas con una lámpara -brutos ignorantes- se dice a sí mismo Somormujo que recordando estos detalles ya ha salido de los límites de la pequeña propiedad llamada rancho Raco y se adentra como una sombra en la cañada del pintor ya dentro del bosque.

Se percibe la humedad espesa que anida en las profundas capas de hojarasca, el viento frío es apenas un soplo frágil, un leve murmullo que sirve de fondo a una sinfonía de ruidos; el croar ocasional de ranas y algún sapo, el siseo de las víboras de coralillo, cascabel y algunas culebras, alas abanicando la bruma, pezuñas escarbando raíces en el lodo, zarpas trepando por los árboles, picos taladrando madera podrida, casi se puede escuchar el zumbido de las luciérnagas que como apariciones de ámbar semejan jugar a las escondidas. Lo único que parece descansar en un hondo silencio como queriendo ser invisibles, son los enjambres de millones de mariposas monarca que unas junto a otras en cerradísima formación como los pétalos de una rosa cuelgan doblando con su peso las ramas de los oyameles y encinos.

Ahí está el final del paseo; un imponente árbol que aún en la obscuridad refleja la luz de la luna llena en su lustroso tronco de vivos tonos naranjas, rojizos y dorados, es un madroño imponente como un castillo de fuertes ramas como altas torres que se entretejen en un laberinto de nudos y follaje mecido suavemente por el sopor de la profunda barranca que con su difícil acceso ha impedido el paso a los leñadores que devastan el monte.

Las horas de viaje y sus riesgos son nada cuando la amistad impulsa la determinación de nuestra sangre, en una de las ramas más altas anida el cocorrín, compañero de andanzas y querido amigo de Somorujo.

-Viejo y añorado hermano, bienvenido a mi modesto hogar que se honra con tu presencia, que las hadas y los chaneques del bosque te colmen de bendiciones y premien tu valor por este largo y cansado viaje -con estas palabras recibió cocorrín a Somorujo que tiene un carácter reservado y al paso de los años se ha vuelto un tanto gruñón – no es nada, quería estirar los pies y recordar viejos tiempos contigo, viejo pájaro del alba y el crepúsculo -contestó dándole un abrazo.

Mucho tiempo fue el que conversaron de diversas cosas, a veces riendo a carcajadas y otras con la corrección que obliga el protocolo de los magos del crepúsculo, porque es de todos conocida la estirpe guerrera de los cocorrines y los gatos barcinos. Intercambiaron recetas y encantamientos, contaron las estrellas del solsticio de invierno, nombraron con cantos muy antiguos a los hongos que nacerán en septiembre y conjuraron las plagas con algunas invocaciones, se dieron por muy agradecidos con la vida de esta dimensión, elevaron plegarias para que el sol siga avanzado en su corcel dorado equilibrando los ciclos naturales y ya casi para despedirse dijo cocorrín -tenemos poco tiempo, los hombres se están perdiendo, el alma ha escapado de sus cuerpos y sólo unos cuantos cumplen con su pacto de cuidar el mundo.

-Cierto, y bien poco podemos hacer, nuestra propia existencia es ahora un milagro, enfrentemos nuestro destino con valor, los seres humanos han sido presa de su ambición desmedida y ya pagarán en su momento, sólo nos resta tener compasión- respondió Somorujo.

-Hasta pronto incansable guerrero, que en tu retorno te guíen las visiones del gran espíritu más que las de tu cansado ojo, lleva a don Ángel y a doña María mis bendiciones y siempre ten presente sus consejos.

-Sea pues, rey del ocaso, que tu canto vibre siempre y tus alas toquen el azul más puro del cenit.

Somorujo emprendió la vuelta a casa un par de horas antes del amanecer, a toda velocidad, corriendo cuesta abajo cual avalancha peluda, sin detenerse un solo momento sorteó con gran experiencia y sabiduría los puntos difíciles y los pasos de montaña peligrosos en los que los coyotes, linces y lechuzas son un peligro permanente por suerte a esa hora ya no había cazadores en el campo, a lo lejos vio la casa y se sintió complacido y seguro.

Relajó la marcha cuando entró al rancho respirando tranquilo, sin darse cuenta al doblar una esquina del jardín del lado que no tenía ojo, topó de frente con una mirada asesina y un chillido estridente.

Los abuelos Ángel y María estaban de pie en el corredor y tomaban su café en jarritos, de improviso don Ángel se llevó las manos a la cara tirando en ese descuido la bebida y el pequeño batallón de gatos que lo acompañaba salieron disparados como centellas en todas direcciones tropezando con lo que había al paso.

–¡Te chingó de nuevo el zorrillo! -le dijo tiernamente el abuelo a Somorujo cubriéndose la nariz con el paliacate. Y sí, el seguro de viaje de los chaneques no cubre accidentes domésticos, y todavía faltaban las bromas de los nietos citadinos cuando lo bañaran. El verdadero final del viaje aun para los magos es un misterio insondable.

 

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1 comentario

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  1. Luis Fernando Ulloa Hosking

    febrero 19, 2021 en 11:23 pm

    Agradable texto que trasmite emoción en su lectura.

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El Club de los Psicópatas

El maestro del thriller psicológico vuelve a sorprendernos

Imagen de portada del libro El Club de los Psicópatas

El Club de los Psicópatas:

Una novela que te mostrará la oscuridad en la mente de un asesino

Katerine Fontecilla Rosas

Reseña literaria

El escritor estadounidense John Katzenbach, marca su regreso con esta oscura novela llena de suspenso y acción que te llevará a ponerte en los zapatos de un grupo de psicópatas y un par de adolescentes que se metieron con las personas equivocadas, iniciando un enfrentamiento mortal en el que la gran interrogante que te mantendrá en vilo durante toda su lectura es ¿quién ganará la cacería?

En el pasado, los peligros acechaban en los callejones, en las calles solitarias y los rincones que permanecían oscuros aun durante el día, sin embargo, en nuestra actualidad el peligro puede estar incluso más cerca, justo frente a nosotros y sin siquiera darnos cuenta de ello. El mundo del internet y las nuevas tecnologías es muy amplio y dentro de él podemos encontrar cualquier cosa, pero se tiene que andar con cuidado, si llegamos a explorar sus más sombrías profundidades podemos terminar por convertirnos en una jugosa presa en medio de un nido de bestias.

 En esta obra, una pareja de adolescentes se aventura dentro de la Deep Web, y por mera casualidad logran entrar a un extraño grupo de chat nombrado Los muchachos de Jack, en él participan cinco miembros que pasan su tiempo compartiendo sus hazañas, fotos y videos de los asesinatos que realizan. Sin pensarlo mucho, Sacgol02 se burla de ellos de manera infantil desatando la ira de los miembros, a partir de ese mismo instante Alpha, Bravo, Charlie, Easy y Delta, dan comienzo a un juego de cacería en el que llevarían a cabo el asesinato perfecto para ser reconocidos como lo había sido el legendario Jack el Destripador en su tiempo, por el contrario, Sacgol02 y su novia comenzarían a planear una estrategia de defensa para poder sobrevivir.

El maestro del thriller psicológico vuelve a sorprendernos con este nuevo trabajo en el cual sale del objetivo de sus novelas anteriores tales como El psicoanalista, Jaque al psicoanalista o Juegos de ingenio, en donde entramos en el juego de resolución de acertijos y pistas para hallar al culpable. Encontrar al asesino no es necesario en El club de los psicópatas, aquí nos lo presenta desde un inicio, nos muestra su entorno y la manera en la que piensa, siente y su forma de percibir el mundo, nos pone en el lugar de cinco personas diferentes que comparten su gusto por la sangre.

John Katzenbach nos muestra la esencia retorcida de cada uno de estos personajes que se ha ido desarrollando en el transcurso de sus vidas, en ocasiones esto puede llegar a ser complejo de asimilar al momento de pasar las páginas, pero a su vez, resulta extremadamente fascinante.

Este autor es uno de los más importantes escritores de novela negra, aunque no hayas leído ninguno de sus libros aún, es probable que disfrutaras por casualidad alguna de sus obras adaptadas al cine tales como Al calor del verano, Juicio final o La guerra de hart, sin duda, su larga trayectoria como periodista especializado en temas judiciales ha hecho que tanto las historias que nos presenta, los acertijos, pistas, el suspenso y sus grandes personajes, tengan una gran elaboración que al final siempre te deja con ganas de una continuación. Me ha pasado con varios de sus trabajos que he tenido el placer de leer, te vuelves adicto a sus letras desde las primeras páginas y la emoción perdura hasta las últimas, terminas con una sensación de satisfacción al tiempo en que te cuestionas acerca del mundo en el que vivimos, los peligros que acechan en cada rincón, y en cada click. 

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La ilusión dentro de la verdad

«¿De verdad sigues vivo?»

Imagen tomada de la película Waking Life

La ilusión dentro de la verdad

Gustavo Manuel Morón Celis

Reseña cinematográfica “Despertando a la vida” (Waking Life)

¿Alguna vez te has preguntado si estás vivo, muerto o soñando? ¿Te has sentado a analizar todo lo que pasa a tu alrededor? ¿Y como resumen de vida has obtenido sólo respuestas bastas y abstractas?

Así, la historia de un chico que después de haber sido atropellado, despierta con dudas, producto de diferentes puntos de vista que ha escuchado de filósofos, psíquicos y pensadores de diferente índole, resultando esta historia pragmática.

El cine en su mayoría tiene la intención de hacerte pensar con historias que te presenta, curiosamente “Waking Life” estrenada en 2001, te provoca preguntas existenciales que no tenías antes de verla.

Claramente hay muchas películas que generan este sentir, pero esta cinta lo hace de manera profunda, me atrevería a decir, que solo en tus sueños lo has vivido, experimentado diferentes puntos de opinión acerca de la muerte, existencialismo o el proceso mental que se supone tiene uno al morir.

Richard Linklater, el director de la cinta, nos regala esta propuesta animada que no precisamente es para niños, la cual tuvo el detalle de utilizar rotoscopia fusionada con tecnología (rotoshop) como lo llama su director de arte, siendo parte fundamental dentro de la historia, brindando una fresca propuesta al cine de autor para su época.

Imagen tomada de la película Waking Life

Los colores te seducen jugando con tu visión, al tener tomas en movimiento constante, con la intención de generar confusión al acompañar todos estos razonamientos variados dentro del filme.

El proceso es comparable con el efecto que provoca el ingerir alguna droga química, siendo un viaje cinematográfico, ya que los rostros son difusos, los escenarios inestables, las voces con eco, con música clara que acompaña durante este recorrido.

En un reparto sutil, Ethan Hawke es la estrella más reconocida, Despertando a la vida nos da la oportunidad de no establecer un discurso tan marcado, al contrario, el personaje es otro espectador pendiente de los diferentes puntos de vista que escucha.

No voy a mentir al decir que este largometraje altera la percepción visual, llegando a ser incómodo por momentos, justificándolo en que no habría otra manera de presentarlo sin ser de esta forma, extraño, difuso, cautivante.

Puedo advertirles que causará miles de preguntas de las que sólo tienes respuestas después de algún sueño que inmediatamente olvidas, también cuestionándote en si de verdad sigues vivo, así de fuerte es el discurso propuesto por los personajes.

Lamentablemente esta bonita pieza no se encuentra en alguna plataforma de streaming actual, invitando al lector a buscarla dentro de la red, ya que de verdad es una película emblemática.

Porque así es la vida, extraña, con muchas preguntas más que respuestas, dejándote vulnerable, donde al final abres la mente y despiertas a la vida.

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Pet Sematary: El Dilema de la Muerte

«…moraleja en torno a la idea de la muerte y el duelo.»

Imagen de portada del libro Cementerio de animales.

Pet Sematary: El Dilema de la Muerte

Katerine Fontecilla Rosas

Reseña literaria

Stephen King nos sorprende con la que es una de sus obras más conocidas, Pet Sematary o como se le conoce en su traducción para el habla hispana Cementerio de Animales, publicada en 1983. En ella relata la historia de la familia Creed desde que decide mudarse a su nuevo hogar en las afueras de Ludlow, un pequeño pueblo de Maine, todos son felices hasta que Louis Creed encuentra al querido gato de su hija atropellado en la carretera y se ve metido en un dilema, dejar que su hija sufra por la muerte de su mascota, o escuchar las voces que lo llaman desde más allá de la valla de troncos, pasando las profundidades del bosque hasta el antiguo cementerio indio. Su mascota Church regresó a la vida, la cuestión es ¿bajo qué circunstancias había vuelto?

El objetivo de la trama es la de brindarnos una moraleja bastante macabra en torno a la idea de la muerte y el duelo. El momento en el que se vive la pérdida de un ser querido puede llegar a ser como una vorágine de emociones que nos inunda de tristeza, incertidumbre y desesperación, lo que puede llevarnos a rozar los límites de la locura y hacer hasta lo imposible porque todo regrese a lo que antes era, aun si eso significa ingresar en los terrenos más sombríos del mundo.

Quienes ya han disfrutado las letras de King, sabrán que puede ser algo complicado seguir sus páginas si no tienes algo de paciencia. El estilo de este autor es de un ritmo lento, preciso en los detalles y las descripciones que ofrece nos sumergen en sus escenarios, de tal manera, que casi se puede escuchar el rechinido de las puertas, oler el aroma de la madera y la tierra húmeda, así como sentir la frialdad del filo de un cuchillo atravesando la piel.

La intriga que me dejó la historia después de ver su última adaptación cinematográfica del 2019 fue la que me llevó a adquirir el libro, su ambientación, el desarrollo de los personajes y las tradiciones que se pueden observar, así como los seres mitológicos que forman parte de la trama son los que crean esta atmósfera tan tenebrosa, misteriosa y a la vez fascinante. A pesar de que el final del filme no fuera lo que esperaba, algo que por cierto el libro compensa bastante bien, no iba a quedar satisfecha hasta haber resuelto mis dudas, algo de lo que definitivamente no me arrepiento.

Pet Sematary se convirtió en uno de mis libros favoritos de este autor, el gran uso del suspenso funciona como un gancho que no te deja despegarte de las hojas, aun cuando parece que todo va bien, King aprovecha para mandarte un disparo de intriga que te recuerda que la felicidad nunca dura demasiado y que te mantendrá con los dedos clavados en la cubierta con los nervios al máximo, al punto en el que cualquier sonido que escuches te hará voltear para ver qué es lo que hay a tus espaldas.

Otro elemento que hará que quieras seguir con la mirada en sus letras, está en todos los misterios que se ocultan en los pequeños detalles dentro del desarrollo de los acontecimientos, tu cabeza estará constantemente llena de ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿qué sucedió?, ¿cómo llegó ahí?, surgirán cada vez más preguntas que si llegas al final, puede que descubras las respuestas, aunque también puede que no encuentres certezas.

A pesar de que antes de leer esta obra no frecuentaba mucho el género del terror, después de disfrutar Cementerio de animales, es seguro que me haré de otros escritos de Stephen King para disfrutar de la sensación de ser absorbida por el mundo que va creando en el papel, un mundo que te llama a indagar más allá de lo obvio, donde no hay un miedo momentáneo, algo que sea de un segundo, sino, un tipo de miedo que va creciendo con cada hoja que pasas y que puedes sentir como recorre toda tu espina vertebral por momentos, ese es el estilo del rey del terror.

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