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El inconsciente hace filosofía

El «ser», la pregunta esencial del sujeto humano.

Grupo de danza Ollintetl de cultura Mexica, Polanco Ciudad de México. Fotografía de Fernando García Álvarez

 

El inconsciente hace filosofía

La pregunta fundamental en la neurosis es la pregunta por el ser: ¿Qué soy?

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

Hace ya muchos años cuando estudiaba filosofía entendí que la pregunta fundamental era sobre el ser. Por ello, mi conclusión fue que el filósofo que había profundizado mejor en la ontología o metafísica había sido Martin Heidegger (1889-1976).

     Recuerdo que el filósofo alemán afirmaba que el ser era el más universal de los conceptos y que los entes o cosas (algo que es) participan del ser. Su libro cumbre en donde explicaba esto: El ser y el tiempo.

     De las inquietudes filosóficas transité al psicoanálisis lacaniano. Y allí encuentro nuevamente la importancia de la pregunta por el ser.

Lacan y la filosofía[i]

De hecho, el psicoanalista francés Jacques Lacan fue amigo personal y traductor de las obras de Heidegger. Adicionalmente a las cuestiones sobre el ser, la influencia del filósofo se ve en la distinción que Lacan hace sobre palabra plena y palabra vacía, conceptos que son inspirados por la diferencia heideggeriana entre discurso y habladuría.

     Sin embargo, el psicoanalista hace su propia aportación y, además, “opone el psicoanálisis a las explicaciones totalizadoras de los sistemas filosóficos y vincula la filosofía al discurso del AMO, lo inverso del psicoanálisis”.

La falta de ser

Tan importante es para Lacan el concepto del ser en su visión psicoanalítica que define el deseo como la presión o empuje que tiende a colmar la falla abierta por la falta-de-ser, entendida como la condición de existencia del sujeto separado del complemento materno[ii].

     Concepto y drama infantil de pérdida de la madre que se ve expresado inconscientemente de modo inmejorable en la canción que dice: “Contigo tenía todo y lo perdí…”.

     También define la pulsión –que es distinta del instinto que se presenta en los animales– como la presión que invade al niño a causa de su falta-de-ser[iii].

     La obra de Lacan –que recurre a la lingüística para darle mayor rigor conceptual al psicoanálisis– está llena de referencias filosóficas entre las que destacan, además de las de Heidegger, las citas de Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, San Agustín, Spinoza, Sartre, etc.

Sigmund Freud y los filósofos[iv]

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, daba crédito a los filósofos, como Nietzsche y Schopenhauer.

     Sostenía que las investigaciones psicoanalíticas confirmaban lo que habían sido, a veces, intuiciones de los filósofos; sin embargo, criticaba que desconocieran el inconsciente al equiparar el psiquismo únicamente con la consciencia.

     Freud llegó a considerar el arte, la religión y la filosofía como las tres grandes instituciones culturales. Aunque también “asemejó los sistemas filosóficos a los delirios paranoicos”.

Pregunta por el ser

Grupo de danza Ollintetl de cultura Mexica, Polanco Ciudad de México. Fotografía de Fernando García Álvarez

Así pues, la pregunta por el ser es una interrogante esencial, fundamental, tanto en la filosofía como en el psicoanálisis; sin embargo, se presenta diferente: en la primera se realiza como: ¿Qué es ser? y se trata de un acto consciente; y en el segundo como: ¿Qué soy?, y se hace de modo inconsciente.

     Me parece que con base en lo anterior podemos decir que el inconsciente hace filosofía. Pero ¿qué significa esta afirmación? ¿Cómo puede el inconsciente filosofar?

    Hemos señalado que existen tres tipos de estructuras clínicas: neuróticos (histéricos y obsesivos), perversos y psicóticos. Los considerados normales tienen estructura neurótica ya que su mecanismo fundamental es la represión y la mayoría de los seres humanos reprimimos lo ocurrido de los cero a los cinco años aproximadamente. Lacan afirma que “la estructura de una neurosis es esencialmente una pregunta”.

     Por otra parte, en la perversión el mecanismo es la re-negación (doble negación) y en la psicosis es la forclusión (exclusión radical del padre simbólico).

¿Qué soy?

Lacan enseña que la pregunta fundamental en la neurosis es la pregunta por el ser: ¿Qué soy?

     Se trata de la pregunta que el niño se hace con relación al deseo de sus padres: ¿Qué quieren de mí? ¿Por qué quisieron que naciera?

     El psicoanalista Bruce Fink[v] escribe que “estas preguntas se refieren al lugar que el niño ocupa en el deseo de los padres”.

     Muchas veces las respuestas que recibe no son muy claras o convincentes y entonces “la respuesta la da el fantasma fundamental”, es decir, las fantasías inconscientes. En ocasiones el nombre recibido lleva un mensaje o misión de lo que esperan los padres.

La pregunta en el sujeto histérico

Como estadísticamente hay más mujeres de estructura histérica y más varones obsesivos, Fink[vi] escribe: “El obsesivo y la histérica se enfrentan con la pregunta por el ser de diferentes maneras, pues la pregunta se modula en una forma en la histeria y de otra en la neurosis obsesiva. La pregunta fundamental de la histérica en relación con el ser es: `¿Soy hombre o soy mujer?´”.

     Como observamos, esta última pregunta –que también puede plantearse como: ¿Qué significa ser mujer? – tiene que ver, sobre todo, con la sexualidad.

     E intentar responderla será una búsqueda –sin descanso– a lo largo de la vida tanto para la mujer como el varón histéricos.

La pregunta en el obsesivo

“En tanto que la del obsesivo es, `¿Estoy vivo o estoy muerto?´. El obsesivo adquiere un convencimiento de su ser, de su existencia, sólo cuando piensa conscientemente. Si se deja llevar por la fantasía o el ensimismamiento, o si se deja de pensar por completo, por ejemplo, durante el orgasmo, pierde toda convicción acerca de su ser”[vii].

     Esa pregunta que constituye la neurosis obsesiva también puede formularse como: ¿Ser o no ser? o ¿por qué existo?

     En virtud de ello, el obsesivo, sea varón o mujer, se inclinará por actividades que tengan que ver con la vida y con la muerte e intentará dar respuesta al “sentido de la vida”. Podrá escoger actividades como medicina, psicología, filosofía, actividad literaria o laborar en una funeraria.

     Asimismo, “la respuesta del obsesivo es trabajar febrilmente para justificar su existencia (lo que también da testimonio de la especial carga de culpa que el obsesivo experimenta)”[viii].

“Pienso, luego existo”[ix]

Grupo de danza Ollintetl de cultura Mexica, Polanco Ciudad de México. Fotografía de Fernando García Álvarez

También podemos decir que el sujeto obsesivo vive según la máxima filosófica de Descartes: “Pienso, luego existo” (el famoso “Cogito, ergo sum”).

     Fink señala también que “el obsesivo puede sustituir el pensar por el contar –por ejemplo, puede contar sus conquistas, dinero, latidos del corazón, etc.”.

     Para el sujeto obsesivo ese “intento de cobrar existencia o de continuar en el ser implica un sujeto pensante, consciente, no un sujeto dividido que no se percata de sus propios pensamientos y deseos”.

     Así, ignora deliberadamente el inconsciente al pensar conscientemente. Actúa como si no existiera el inconsciente, a pesar de todas las pruebas existentes. “En el aula, el obsesivo es el estudiante que se niega a aceptar la idea del inconsciente en primer lugar, y afirma que los lapsus no significan nada, que él conoce todos sus pensamientos y que no necesita que nadie lo ayude a conocerlos”[x].

     Esto se ve corroborado en el diván del consultorio psicoanalítico, ya que cuando asiste tenderá a llevar su discurso perfectamente preparado con todas sus interpretaciones por lo que el psicoanalista prácticamente sale sobrando. Intentará no tener un lapsus para no delatarse. Se cree el amo de su propio destino y rechaza cualquier dependencia del Otro.

La respuesta del perverso

“Mientras que la neurosis se caracteriza por una pregunta, la característica de la perversión es la falta de pregunta”[xi]. El perverso tiene certezas más que preguntas; se presentará como lo que falta, como lo que completa.

     El perverso no se interroga; más bien pudiera decirse que se presenta como respuesta. Fink[xii] lo escribe así: “A la pregunta ¿Qué soy?, el perverso responde, Soy eso, ese algo que a ella le falta”.

No hay pregunta en el psicótico

El psicótico tampoco tiene pregunta. El inconsciente está presente en el psicótico, pero no funciona, según enseña Lacan.

     En la psicosis –denominada locura comúnmente– no hay dudas: “Él es Napoleón y los demás están equivocados si no lo creen así”. Hay certezas; los pensamientos, las motivaciones, los sueños simplemente son.

Coincidencia en la pregunta fundamental

Como hemos visto, ni en la perversión ni en la psicosis hay pregunta por el ser. Únicamente se presenta en la estructura neurótica y, sobre todo, en la estructura obsesiva; en la histeria se enfoca esa interrogante más en la sexualidad que en el ser.

     Sin embargo, me parece que es interesante observar la coincidencia entre el psicoanálisis y la filosofía –aún con sus modos distintos– en el campo de la pregunta por el ser, la pregunta esencial del sujeto humano.

[i] Cfr. Dylan Evans, Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano, Buenos Aires, Paidós, 1997, p. 93.

[ii] Cfr. Jean-Baptiste Fages, Para comprender a Lacan, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, p. 154.

[iii] Cfr. Jean-Baptiste Fages, op. cit., p. 155.

[iv] Cfr. Dylan Evans, ibid.

[v] Bruce Fink, Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano, Barcelona, Gedisa, 2007, p. 233.

[vi] Bruce Fink, op. cit., p. 157.

[vii] Bruce Fink, ibid.

[viii] Dylan Evans, op. cit., p. 139.

[ix] Cfr. Bruce Fink, op. cit., p. 310.

[x] Bruce Fink, op. cit., p. 157.

[xi] Dylan Evans, op. cit., p. 151.

[xii] Bruce Fink, op. cit., p. 218.

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¿Cómo se interpreta un sueño en psicoanálisis?

Al dormir “se relaja la censura, se ponen en escena ciertos anhelos reprimidos que no aparecen en la vigilia.»

Arte callejero en la Ciudad de México, foto de Fernando García Álvarez.

¿Cómo se interpreta un sueño en psicoanálisis?

Parte 1

“Después de un trabajo de interpretación

el sueño se da a conocer como un cumplimiento de deseo”

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

Siempre ha existido la curiosidad por descifrar los sueños. A lo largo de la historia se ha sospechado que quieren decir algo, que tienen un “saber”.

En la Biblia se menciona el caso de José que explica un sueño al faraón de Egipto sobre siete vacas gordas que son comidas por siete vacas flacas como siete años de abundancia a los que seguirán otros siete de hambre. Hoy en día existen numerosos libros en donde se afirman simbolismos de manera categórica: si soñaste esto significa que…

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, afirma que los sueños tienen un sentido y son la vía regia para acceder al inconsciente. Así lo sostiene en su libro La interpretación de los sueños, escrito hace más de ciento veinte años. Lo dice de este modo: “Fue en el invierno de 1899 cuando ante mí tuve al fin mi libro La interpretación de los sueños, postdatado para que apareciese como del nuevo siglo”[1].

¿Qué es interpretar?

Un aspecto fundamental en la cura psicoanalítica es la aportación de interpretaciones.

El psicoanalista interpreta cuando expresa algo que modifica algún modo de ver consciente y cotidiano del analizante (hablamos de analizante y no de paciente ya que la persona que analiza con ayuda del psicoanalista es la que está enfrente o recostada en el diván).

Freud distingue entre contenido manifiesto del sueño, que es lo que recordamos, y contenido latente, que es lo que llegamos a conocer con la ayuda de la interpretación psicoanalítica.

Es necesario interpretar el sueño manifiesto para hacer surgir el contenido latente. “Interpretar un sueño significa indicar su sentido […]. Después de un trabajo de interpretación el sueño se da a conocer como un cumplimiento de deseo”[2].

O dicho más adecuadamente, el sueño es el intento de un cumplimiento de deseo.

El sueño como cumplimiento de deseo

Para explicar el cumplimiento de deseo, como la operación esencial del trabajo del sueño, Freud[3] da tres ejemplos: “un sueño de hambre, uno de comodidad y uno de necesidad sexual. En el soñante, dormido, se anuncia una necesidad de comer, sueña con un soberbio banquete y sigue durmiendo. Desde luego, tenía la opción entre despertarse para comer o continuar su dormir. Se decidió por esto último y satisfizo su hambre mediante el sueño. Al menos por un rato; si el hambre persiste no tendrá más remedio que despertar. El otro caso: el soñante (es médico y) debe despertarse a fin de encontrarse en la clínica a cierta hora. Pero sigue durmiendo y sueña que ya está ahí, es verdad que, como paciente, y entonces no necesita abandonar su lecho. O bien por la noche se mueve en él la añoranza de gozar de un objeto sexual prohibido, la esposa de un amigo. Sueña que mantiene comercio sexual, no con esa persona, ciertamente, pero sí con otra que lleva igual nombre, por más que ésta le resulta indiferente”.

Al dormir “se relaja la censura, se ponen en escena ciertos anhelos reprimidos que no aparecen en la vigilia. Retorna lo reprimido en el sueño, que es la realización de un deseo reprimido que busca así su satisfacción, incluso en los sueños angustiosos”[4].

Arte callejero en la Ciudad de México, foto de Fernando García Álvarez.

 Una pesadilla

Ante la objeción de que no puede haber un cumplimiento de deseo en los sueños que producen angustia, en las famosas pesadillas, podemos mencionar lo que Safouan narra sobre un niño que soñaba repetidamente, con angustia, con un lobo que se paseaba afuera de su habitación. Enfrente dormía su madre. El padre había estado ausente varios meses por motivo de trabajo. “Bastó con que ese padre regresara a casa, y volviera al cuarto con la madre, para que las pesadillas desaparecieran”[5].

Es decir, el niño ya no necesitaba soñar un terrible lobo que lo separara de una relación excesivamente cercana a la madre, ya que el padre ahora cumplía adecuadamente la función paterna y ubicaba a cada uno en el rol que le correspondía. A pesar de la angustia que generaba el sueño, había un cumplimiento de deseo.

¿Todos soñamos?

Efectivamente todos soñamos; sin embargo, por el trabajo de la censura muchas veces no recordamos los sueños. Las personas menos rígidas los recuerdan más fácilmente.

 ¿Existen símbolos universales?

Para Freud existen significaciones colectivas que comparte todo mundo.

Sin embargo, precisa bien: “Pero al mismo tiempo quisiera advertir de manera expresa que no debe exagerarse la importancia de los símbolos para la interpretación de los sueños […] desechando la técnica que recurre a las ocurrencias del soñante”[6].

En el psicoanálisis no se trata de hacer un diccionario universal de símbolos o claves que permitiera traducir todos los sueños. Si no se han producido las asociaciones del analizante no es posible hacer una interpretación.

De hecho, Freud llamó “psicoanálisis silvestre” a la tendencia de realizar interpretaciones prematuras, mal elaboradas o realizadas cuando el analizante no estaba preparado para aceptarlas.

 

CONTINUARÁ

[1] Sigmund Freud (1899), ”La interpretación de los sueños” en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976, Tomo 4,  p. 5.

[2] Sigmund Freud, op. cit., Tomo 4, pp. 118 y 141.

[3] Sigmund Freud, op. cit., Tomo 23, p. 168.

[4] Cristina Fontana, Todo lo que nunca quiso saber sobre el psicoanálisis, Madrid, Editorial Síntesis, 2001, p. 42.

[5] Cristina Fontana, op. cit., p. 43.

[6] Sigmund Freud, op. cit., Tomo 5, p. 365.

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Educación

No existe el subconsciente

¡Te traicionó el inconsciente!

Ilustración de Fernando García Álvarez.

No existe el subconsciente

Para Freud, no existe nada debajo de la consciencia

El prefijo griego sub significa `abajo´

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

¡Lo traicionó el subconsciente! es una expresión que escuchamos con frecuencia. Y quienes la afirman creen que es una buena aplicación de un término psicoanalítico.

Sin embargo, el subconsciente no existe en la teoría freudiana.

De hecho, Sigmund Freud usó muy pocas veces la palabra subconsciente como sinónimo de inconsciente.

Era un término que se usaba en la psicología y psicopatología en esa época, es decir, antes de 1900. No obstante, el creador del psicoanálisis abandonó muy pronto su uso.

Únicamente dos citas en Freud

En su artículo “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”, redactado en francés en 1893, se encuentra una única cita. Allí escribe acerca del recuerdo de las impresiones psíquicas: “La imposibilidad de la eliminación es notoria cuando la impresión permanece en el subconsciente”[i].

En el libro Estudios sobre la histeria, escrito junto con Joseph Breuer de 1893 a 1895, aparece en una ocasión en el “Historial clínico de la Sra. Emmy von N.” en donde Freud habla de “fragmentos del complejo subconsciente”[ii]; aunque es preciso aclarar que el término subconsciencia o subconsciente es usado en diversas ocasiones en la llamada “Parte teórica”, pero que fue escrita por Breuer.

Rechazo del concepto y el término subconsciente

Muy pronto Freud rechaza el uso del término subconsciente. Encontramos en sus obras cuatro menciones específicas de rechazo:

1.En la interpretación de los sueños (1900)

Así en su libro La interpretación de los sueños lo dice tajantemente: “Debemos evitar la distinción entre supraconsciencia y subconsciencia, a la que es tan aficionada la literatura actual sobre las psiconeurosis, ya que esta distinción parece insistir precisamente en la equivalencia entre el psiquismo y la consciencia[iii].

2.En lo inconsciente (1915)

En su libro Lo inconsciente, Freud[iv] insiste al decir: “no nos prueba la existencia en nosotros de una consciencia segunda, sino la de actos psíquicos que carecen de consciencia. Podremos también rechazar la designación de “subconsciencia” por incorrecta y descaminada”.

Ilustración de Fernando García Álvarez.

3.En la conferencia “resistencia y represión” (1917)

En la decimonovena de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis Freud[v] le dice a su auditorio: “Me gustaría oír de ustedes la admisión de que nuestras designaciones ` inconsciente, preconsciente, consciente´, son mucho menos perjudiciales y de justificación más fácil que otras que se han propuesto o han entrado en uso, como “subconsciente, paraconsciente, intraconsciente, y similares”.

4.En ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (1926)

Para el descubridor del psicoanálisis, pues, no existe nada debajo de la consciencia lo cual es expresado por el prefijo griego sub (`abajo´), por lo que rechaza el término subconsciente.

De este modo en su libro ¿Pueden los legos ejercer el análisis? el médico vienés[vi] es sumamente claro: “Cuando alguien habla de subconsciencia, yo no sé si, tópicamente, mienta algo situado en el alma por debajo de la consciencia, o, cualitativamente, una consciencia otra, por así decir subterránea. Es probable que ni él mismo tenga una idea clara. La única oposición admisible es la que media entre consciente e inconsciente”.

Conclusión

Como hemos podido apreciar, Freud se opone abiertamente al concepto y al término subconsciente por lo que, cuando escuchemos que alguien nos diga: ¡Te traicionó el subconsciente!, podemos tener la certeza de que esa persona no ha leído con detenimiento al creador del psicoanálisis. Tendría que haberte dicho: ¡Te traicionó el inconsciente!

Aclaración

Con objeto de que haya más claridad, me he permitido escribir los términos de acuerdo con las directrices de la Real Academia Española: consciencia: ` percepción o conocimiento´ (es el sentido de la teoría freudiana); conciencia: `capacidad de distinguir entre el bien y el mal´ (sentido moral).

“El adjetivo correspondiente, en todos los casos, es consciente, y su antónimo, inconsciente. No son correctas las formas conciente ni inconciente[vii].

[i] Sigmund Freud (1893), “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas” en Obras completas, Tomo I, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976, p. 209.

[ii] Sigmund Freud (1893), “Estudios sobre la histeria” en op. cit., Tomo II, p. 89.

[iii] Cfr. Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona, Editorial Labor, 1971, p. 414.

[iv] Sigmund Freud (1915), “Lo inconsciente”, en op. cit., Tomo XIV, p. 167.

[v] Sigmund Freud (1917), “Conferencias de introducción al psicoanálisis” en op. cit., Tomo XVI, p. 271.

[vi] Sigmund Freud (1926), “¿Pueden los legos ejercer el análisis?” en op. cit., Tomo XX, p. 185.

[vii] Cfr. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Bogotá, Distribuidora y editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., 2005, p. 158.

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Examen médico-psicológico sobre la relación amorosa

«…by-pass urgente de reencuentro.»

Marcha conmemorativa de la masacre estudiantil el 2 de octubre de 1968. Zócalo de la CDMX. Foto Fernando García Álvarez.

Examen médico-psicológico sobre la relación amorosa

“Check-up por siete especialistas”

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

¿Cómo se encuentra nuestra relación de pareja?

¿Cómo nos sentimos en el amor?

¿Puede hacerse un diagnóstico médico-psicológico sobre cómo nos sentimos con nuestra pareja?

Para hacernos un check-up sobre nuestra relación amorosa debemos acudir a siete especialistas. Esta revisión nos permitirá saber nuestras condiciones en esa tarea fundamental en la vida que es amar y ser amado.

Los especialistas a visitar son los siguientes:

1.Oftalmólogo: examinará la visión para detectar si nuestra pareja es mirada “con los mejores ojos” y que el sujeto revisado pueda ver más allá de las cosas negativas.

Si fuera necesario, prescribirá anteojos para mirar mejor las cualidades del otro o lentes de “contacto” más cercano.

2. Otorrinolaringólogo: revisará si el conducto auditivo tiene tapones que impiden escuchar claramente y sin distorsiones lo que dice nuestra pareja. En caso necesario, hará el lavado correspondiente para mejorar la escucha.

También inspeccionará la garganta para descubrir si las palabras se expresan de manera inadecuada por “irritación” y si se necesitan toques locales de cariño para que fluya la voz sin molestia.

Asimismo, detectará si no existe por ahí alguna afonía que implique que algo se esté callando.

3.Ortopedista: tomará radiografías de cuerpo entero para revelar si no hay fisuras o fracturas en la relación que impidan los movimientos amorosos y románticos adecuados y que no se tropiece al menor obstáculo.

Marcha conmemorativa de la masacre estudiantil el 2 de octubre de 1968. Zócalo de la CDMX. Foto Fernando García Álvarez.

4. Internista: medirá la temperatura para ver si es la indicada para la pasión que debe haber así como la presión arterial para vigilar si la ternura no está baja. Asimismo, deberá revisar el estado general que guarda la relación y, si está anémica, recetará vitaminas con una dosis alta de B12 para potenciar la fuerza amorosa. También podrá examinar con ayuda del dermatólogo cada rincón de la piel y observar si hay un recuerdo de la persona amada, casi como un tatuaje.

5. Cardiólogo: aplicará un electrocardiograma para localizar si las arterias no están bloqueadas de rencores y abastecen correctamente al corazón de amor, comprensión y perdón. Si es necesario recomendará un by-pass urgente de reencuentro.

6. Psicoanalista: comprobará si cada uno entiende las diferencias en la manera de ser de cada persona y la importancia especial de ser amada para ella y de amar para él. Si fuera necesario, podrá sugerir un tiempo individual para encontrarse a sí mismo en el diván y que como consecuencia se mejore la relación de pareja. Hará ver que el que más ama es el que debe correr al reencuentro en caso de dificultades y no necesariamente el que se equivocó.

7. Sexólogo: verificará si existe un buen entendimiento sexual sobre la base de que ella generalmente disfruta la sexualidad a través del amor y el romanticismo, y que él generalmente llega al amor a través del sexo. Enfatizará que hay que dedicarle tiempo a la intimidad ya que “cuando el sexo está bien, generalmente lo demás está bien”. Puede prescribir ejercicios en pareja, en caso necesario.

Tratamiento indicado en todos los casos:

Vasos llenos y mezclados de pasión, ternura y compromiso (son necesarios los tres ingredientes; si falta alguno será una bebida incompleta y carente de sabor). Pueden tomarse todos los que se deseen o gusten.

Fuente: en Internet circula un correo breve del que he tomado la idea general que he enriquecido y que inspiró este texto.

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