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Cultura

La percepción estética y artística en los videojuegos

Los videojuegos en sí mismos podrían no ser considerados arte…

La percepción estética y artística en los videojuegos I

@SpartanBlazer94

El arte es uno de los factores que nos diferencia de las demás especies del planeta Tierra, es la capacidad de creación del individuo, en el que el hombre se refleja subjetiva u objetivamente, otorgando sentimientos y propiedades humanas a objetos o eventos efímeros.

El cambio es uno de los aspectos más difíciles de la vida del hombre común, que, por más controlado que sea, siempre se convierte en un obstáculo a vencer, generando estrés e incomodidad. Es por eso que la apreciación y aceptación de los videojuegos como un arte emergente, ha sido un tema que ha forjado incontables discusiones a lo largo del tiempo.

Los videojuegos en sí mismos podrían no ser considerados un arte por los individuos más puristas, pero no podemos dejar de lado la sinergia artística interdisciplinaria que conlleva la creación de este.

Una persona con pocos conocimientos acerca del mundo de los juegos de video diría que éstos no podrían ser tomados en cuenta como arte, pues no cuenta con lo más mínimo necesario para entrar en una categoría tan dura como el arte, pues, al escuchar la palabra videojuego, su mente probablemente se remonte a aquel clásico de 1985, que sentó la base de lo que ahora es el gaming, Super Mario Bros.

Nintendo. (2020). Pantalla Inicial de Super Mario Bros.

https://www.nintendo.es/Juegos/NES/Super-Mario-Bros–803853.html

Super Mario Bros era un juego puramente divertido, acompañado únicamente por una historia inexistente, una serie de sonidos emitidos por el sistema en cuestión, intentando emular algo cercano a música y un estilo gráfico y artístico extremadamente limitado, basado únicamente en lo que la consola podría alcanzar tecnológicamente. Dicho lo anterior, podemos asegurar que Super Mario Bros podría no ser allegado remotamente a lo convencionalmente estética y bello para poder ser llamado un arte, pero las bases de toda la industria fueron forjadas en torno a dicho juego.

La razón de las limitaciones (además de la tecnología de la época) era que hace casi cuatro décadas, los videojuegos no eran nada más que, pues, eso, juegos. Su única meta era entretener al público infantil con una jugabilidad divertida, sin intentar buscar algo más allá, no había historias por contar, ni enseñanzas que otorgar, solamente un juego. Situación que no es inherentemente negativa, simplemente la situación en dicha época obligaba a tomar tal camino, agregando que la enorme mayoría de videojuegos contemporáneos repetían esta fórmula.

Pero la realidad actual de la industria es que es total y absolutamente distinta, en donde -gracias a los avances tecnológicos- ahora tenemos experiencias que son estéticamente atractivas en distintas disciplinas, tanto en estilo gráfico como narrativos, actuaciones formidables y otras más.

Tomemos como ejemplo para ilustrar la belleza interdisciplinaria básica de un videojuego que puede ser atractivo para el público mexicano no gamer, el mundo “Pueblo de Soltitlán” (o Tostarena, en su idioma original) de Super Mario Odyssey, la más reciente edición de un videojuego (2017) de nuestro querido redondete bigotón.

MarioWiki.com. (2017). Tostarena Town. Fair Use.

https://www.mariowiki.com/File:TostarenaTown.jpg

A simple inspección de la postal previa, podemos notar una notable y linda semejanza con uno de nuestros conceptos más arraigados y queridos como mexicanos, un grupo pequeño de edificios coloniales, con todo y sus macetitas colgando, alrededor de una pequeña fuente, situación típica de un suburbio mexicano de clase media, acompañada con los colores típicos de las festividades mexicanas, verde limón, azul agua, amarillo y, el siempre presente, rosa mexicano.

Todo esto estilizado de manera caricaturesca, lleno de alegría y color, acompañados de unas alegres calaveritas de colores -obvia referencia al incansablemente representado Día de Muertos-, agitando sus maracas, presumiendo efusivamente sus sombreros charros mientras disfrutan de unos ricos raspados (¡sí, puedes comerte un raspado!), pues estamos en un desierto.

Al fondo de la calle, podemos observar un conjunto de edificaciones y pirámides con motivos sincréticos olmecas, mexicas y mayas, en donde, con un claro misticismo, deberemos de adentrarnos y abrirnos paso entre tumbas, momias y cactus con espinas gigantescas, homenajeando con mucho cuidado y cariño a un México completamente tradicionalista, orgulloso de sus raíces, pero con casi 59 millones de gamers1.

La comparativa entre Super Mario Bros (1985) y Super Mario Odyssey (2017) es tan solo una muestra donde se utilizó al personaje más famoso de los videojuegos para demostrar la profunda evolución que ha sufrido el medio en cuanto a factor artístico se refiere, mismo que puede ser extrapolado a muchas diferentes franquicias, tanto antiguas como emergentes, en donde el enfoque será distinto (arte literario, arte gráfico, arte teatral, etc.) dependiendo el tipo de juego.

En mi opinión, arribar a Soltitlán por primera vez, ha sido una de las experiencias más puras y conmovedoras en toda mi vida como videojugador. No pude evitar soltar un par de lágrimas de cocodrilo, al ver el cuidado y el trabajo de investigación previo realizado para alcanzar tal grado de detalle en una representación de México, de Mi México, en mi medio favorito. Poder avanzar a través de las calles rodeadas de elementos tradicionales de nuestro día a día, fue uno de los puntos más altos en mis motivos de gaming contemporáneo.

¿Y qué es el arte si no la expresión y representación del hombre mismo como persona social y como miembro de una comunidad en un ambiente puramente estético, así como generación de reflejos y sensaciones? Muchos recuerdos llegaron a mi mente, acompañados de un cúmulo de nostalgia y orgullo por la representación de Mi México en un videojuego de Mario Bros. Se generó tal sentimiento en mí, que no pude evitar esbozar una sonrisa y decir “Para mí, esto es arte”.

 

1El Sol de México (Agosto de 2019). A propósito del Día del Gamer, ¿cuántos gamers hay en México? Recuperado en Enero de 2021 desde

https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/feliz-dia-del-gamer-cuantos-jugadores-hay-en-mexico-y-esto-es-lo-que-juegan-videojuegos-tecnologia-virales-consolas-nintendo-sony-xbox-ps4-4112651.html

 

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2 de comentarios

2 Comments

  1. Keyzo Gakiya

    enero 12, 2021 en 10:27 pm

    En mi opinión, el arte es una sola cosa: expresión.

    La gran ventaja que tienen los videojuegos es que son interactivos así que, ¿Qué es mejor que apreciar un arte que alguien creó? ¡Śer parte de él!

    Esta interactividad le da a los juegos además un grado más profundo de alcance a una persona a nivel emocional, y existen casos de personas que pudieron tener un «último juego» con amigos y familiares fallecidos, está el famoso caso de un jugador que solía jugar con su papá un juego de carreras, el papá falleció y años después él conectó el Xbox en el que jugaban juntos y encontró el archivo del fantasma de su papá, (la visualización de la mejor carrera de un jugador que te ayuda a ver tus errores para completar más rápido la pista), para él fue jugar de nuevo con su papá quien había partido años atrás, no creo que exista otro medio que te permita experimentar algo así de forma tan personal.

    Si eso no se puede considerar arte, entonces no sé qué pueda serlo, creo yo que algo así tiene infinitamente más mérito que un plátano pegado con cinta en una pared.

  2. Priscila

    enero 12, 2021 en 9:53 pm

    Excelente artículo, creo que es tiempo de abrir nuestra mente a las más recientes formas de expresión de «arte». Hay una enorme cantidad de trabajo, investigación y creatividad detrás de cada videojuego que cada vez más intenta conectar con cada jugador detrás de una pantalla tal como lo podría hacer una pintura.

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Desde mi ardiente esquina

Candelaria, aunque grande, su cavidad es relativamente estrecha…

La Comuna en el centro de la Ciudad de México es una talentosa hermandad en la que el arte gastronómico destaca. Fotografía de Brenda Osnez.

Desde mi ardiente esquina

La partera del placer

Cuando formas parte de una comuna es difícil precisar las actividades que cada integrante va a realizar desde un principio, no hay jefes, no hay líderes, todos para todos, nadie para uno (¿cómo era?). En estos casos cada uno establece en función a su disposición y (en segundo término) a sus capacidades, la tarea a la que se puede comprometer. En mi caso, en la cadena de eslabones que conforman la creación de una pizza (el actual proyecto de la comuna), encontré mi lugar rápidamente: nadie puede soportar (sin correrse) (de sudor, digo) los niveles de (calentura) pirexia a los que llego y en los que permanezco toda la tarde. La posición de trabajo a la que a mí me gusta llamarle de «carbonera» es sin duda alguna el mejor trabajo que puede elegir una (candente) mujer reflexiva (como yo).

Cuando la gente piensa en el personal de una pizzería lo primero que viene a la mente es un saltimbanqui malabareando ágilmente un flexible disco de masa blanca y suave para después cubrirla con salsa de tomate, queso y (todas esas cositas ricas que nos inflaman el…)(colon) los ingredientes de nuestro agrado; quizá, también en los amables meseros y meseras tomando órdenes y sirviendo cerveza y vino (como verdaderas vacas sagradas), pero ¿acaso nadie se ha preguntado quién incuba con la calidez de un útero sólido y arcilloso la crujiente pieza que a la boca se llevan con semejante (lascivia) gusto? Y si es que han tenido ocasión de observar tan noble trabajo (que en este momento rebautizo como «parteros del deleite»), ¿no se ha despertado el fuego de la curiosidad sobre el discurrir del pensamiento de quien sólo refleja llamas en los ojos? No os preocupéis señoras y señores que el día de hoy les redactaré un día en la vida de la carbonera de la comuna (o la partera del deleite, como prefieran).

La Comuna en el centro de la Ciudad de México es una talentosa hermandad en la que el arte gastronómico destaca. Fotografía de Brenda Osnez.

Hacerse cargo de Candelaria (el horno es en realidad una ella) va más allá de meter y sacar (con mi enorme pala) apetecibles masas con queso de ella. Antes de entrar uno tiene que tocar las puertas, es protocolo (y decencia, sobre todo); una rápida inspección en sus paredes internas me ayudará a determinar si está en condiciones (y disposición, claro) de recibir los flagrantes y resplandecientes trozos (de madera). Normalmente me veo en la necesidad de introducirle una escobilla para limpiar los restos de pringue de la noche anterior (la muy insaciable), pero eso sólo toma un par de minutos. Una vez limpia, es hora de encender(le) la cosa. Candelaria, aunque grande, su cavidad es relativamente estrecha por lo que es importante tener palos chicos (insaciable pero no rigurosa) o de otra forma la pala no entra. Sé que los puristas se van a enardecer, pero me gusta ungir los (lúbricos) palos con un poco de aceite, favorece la inflamación, sobre todo en un principio cuando la llama no arde. Una vez que se enrojece el primer trozo (de madera) los demás prenden al poco tiempo (de ver se antoja) (la pizza), es cuestión de paciencia y determinación. La oxigenación en este punto es importante para ambas partes: bien es sabido que la combustión no es posible sin oxígeno, por lo que recomiendo (ampliamente) darle una (fuerte soplada) buena entrada de aire, eso siempre ayuda a prenderla rápido, pero cuidado, más de una vez con la cara de frente a la cavidad me ha sorprendido (avísenme) salpicándome el rostro de chispeantes partículas en llamas, así que más vale tener precaución a la hora de ejecutar maniobras avanzadas como ésta.

Una vez lograda la proeza de la ignición lo demás es lúdico; en ocasiones, durante el acto, llego a entrar en un reconfortante trance con la única sensación del rezumar de mis poros, la salinidad de mis labios y el lento discurrir del tiempo. En esos momentos de febril ofuscación de los sentidos mi pensamiento atraviesa como una flecha el fatídico («fétido» para ser exactos) sentido de todas las cosas: la entelequia (el fin, pues) del trigo, que más que una deliciosa pizza napolitana es el proceso digestivo, placentero, claro, pero que finalmente acaba (en el váter) convertido en (un pastel de) rigurosa (mierda) materia (fecal) orgánica, y está bien, la naturaleza es así.

Cuando despierto del (delicioso) letargo al que me induce la acalorada danza del fuego, normalmente a causa del (clímax) (de la noche, por supuesto) estrepitoso reír de un comensal por el éxtasis del momento o el grito de apoyo en la cocina, me siento relajada (nomás faltaba), distinta. No vuelves a ser el mismo tras ocho horas frente a las llamas.

La etapa más difícil de mis días con Candelaria es, sin duda, cuando las reservas de energía ya no dan para mantenerla (caliente) horneando, las fuerzas de mis músculos flaquean, la medianoche se acerca y los comensales van saliendo sonrientes (ebrios) y felizmente colmados de queso, pan y vino; es entonces cuando el fuego se va apagando (la costumbre…). Pasar de un vivo rojo a un naranja desvaído del escoldo nunca es fácil. Su calor me acoge hasta el último segundo y lo recuerda mi piel hasta el día en que nuestro indefectible ritual nos vuelva amalgamar.

La Comuna se encuentra ubicada en centro de la Ciudad de México, en la Colonia Obrera. Puedes contactarlos en la siguiente liga.

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Cultura

Gracias Patricio Castillo (Noviembre 1940- Abril 2021)

Su inteligencia y sensibilidad artísticas trasladadas al Rey-bufón de El escorial …

Ilustración de Fernando García Álvarez

Gracias Patricio Castillo

(Noviembre 1940- Abril 2021)                                                                            

Alegría Martínez

El intransigente alcalde Crispín que echó al aire su voz, tan sonora como las campanas del pueblo en El diluvio que viene, tomó cuerpo y rostro con la creación del actor Patricio Castillo, quien de la mano de Ludwik Margules encarnó años después al personaje del Amo, homenaje a Diderot de M. Kundera, sobre el escenario del entonces Teatro del Bosque, donde aún vibra la silueta del Pato junto a la de Fernando Balzaretti rumbo al infinito.

Su inteligencia y sensibilidad artísticas trasladadas al Rey-bufón de El escorial de Ghelderode, irradiaron el poder y la gracia que intercambiaban súbitamente los personajes encarnados por Patricio Castillo y Roberto Sosa ante un trono como único elemento, imán de todos los reinos erigidos en la ficción sobre un escenario, gracias a la fuerza y la brillante fragilidad que generó esta dupla actoral.

Bajo la piel del tozudo, tramposo y entrañable Phil Hogan, en Una luna para los malnacidos, de Eugene O’Neill, luminoso montaje de Mario Espinosa, el primer actor desplegó su registro artístico como un experto sobre la cuerda floja ante un desafío que implicó transparentar, tanto delicada como furiosamente, la gama emotiva de un personaje sacudido intermitentemente por su borrasca interior.

En Jugadores, al lado de Héctor Bonilla, Juan Carlos Colombo y José Alonso, el histrión hizo trasminar hasta el último rincón del teatro el dolor de su personaje, de pie entre el entusiasmo recobrado ante el final de su horizonte y la conciencia de lo perdido.

Con Rueda mi mente, monólogo de Licona, el Pato celebró 50 años de vida artística. Su creación de Habacuc -personaje de la tercera edad con alzheimer, que se aferraba a los muros de su casa tapizados con recordatorios como última oportunidad para conservar libertad y autonomía-, mantuvo el preciso equilibrio entre humor y tragedia para exponer el abismo.

Como uno de Los mosqueteros del rey, el Pato, de nuevo junto a Bonilla como parte del elenco, dio cátedra festiva de cómo jugar libremente sobre el escenario hasta contagiar de goce y desenfado a un público que no acertaba a saber de qué trataba finalmente la obra.

Experto del juego en serio como parte de la creación teatral, espacio en el que transitó cada vez con mayor madurez y estatura artística, Patricio Castillo, cuya ausencia física duele como la de un ser amado, sembró sin tregua los hallazgos de un hombre entregado por completo a un arte que continúa acercando a los seres humanos mucho tiempo después de la caída del telón.

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Cultura

Contrastes. Entrevista con el director de cine y músico Rodney Steve

El cine es un plano universal. Es simplemente arte. Simplemente cine. Para mí, simplemente contraste.

Contrastes.

Entrevista con el director de cine y músico Rodney Steve

Por Jaquelina Rodríguez Ibarra

“El cine es un plano universal. Es simplemente arte. Simplemente cine. Para mí, simplemente contraste.” Rodney Steve

Los contrastes entre América y Europa son varios y variados. Rodney Steve pertenece a ambos mundos, de origen chileno y formación sueca, hoy ciudadano del mundo en México. Rodney transitó en su juventud temprana por la música, formó parte de un grupo que recorrió algunos países de Europa. Más tarde incursionó en el cine, pasión que lo ha llevado a la dirección y producción de cortometrajes cuyo tema central es lo inexplicable.

Rodney Steve en su estudio de la Ciudad de México.

En voz de él mismo, ambos países han sido:

…la inspiración para crear un tipo de cine que me gusta. El cine oscuro. Siniestro, y también mágico. La crueldad de la realidad combinada con lo fantástico. Realismo mágico por usar un término común. Pero el tema es algo más profundo que eso. Pienso, que lo que me ha proporcionado cada país, Suecia y México, en cuestiones de inspiración para la creación de cine, es más que nada; contraste. De la nieve y frío de Norrköping, Suecia, ciudad donde crecí y viví, al desierto y el calor de Guaymas, Sonora; uno de los primeros lugares que visité en México. De la tranquilidad de los lagos y bosques, al “bosque urbano” de tráfico denso y smog de la Ciudad de México; lugar donde vivo ahora.

Él ha sido testigo en las últimas décadas del transitar de la tecnología por nuestras vidas, ahora esta herramienta le ha permitido continuar con su ejercicio musical durante la pandemia del siglo XXI con su banda The Rodney Steve Banduna. En ella, Rodney hace una cosecha de sonidos de una tradición musical como lo es el soul y R&B, vigente y volcada en música contemporánea. Así, en su ejercicio cotidiano musical y cinematográfico, es como Rodney Steve rescata estilos, tendencias, lugares y esencias. Su cine no es únicamente ficción, ha realizado documental y hoy especialmente trabaja en el rescate de filmaciones que evidencian el pasar de un viajante por el mundo, Ignacio Cristóbal Merino Lanzilotti, fundador de la Asociación Teatro de Papel y la Carpa Geodésica.

Escucha a Rodney Steve en la charla con Terciopelo Negro prensa libre:

(130) Entrevista al cineasta y cantautor Rodney Steve por Jaquelina Rodríguez I. PrimeraParte – YouTube

Puedes ver el trabajo de Rodney Steve en los siguientes vínculos de su canal de Youtube y de Carpa Geodésica.

Documental

OASIS Baja Califonia Sur (trailer) – YouTube

CARPA GEODESICA – Mini documentales

Carpa Geodésica – YouTube

Cine

ROBO – Parte de evento, Trailer de película y Detras de cámara.

Presentación de la película «ROBO» – YouTube

ZONA CERO-MÉXICO – Trailer

«Zona Cero – México» – «Ground Zero – Mexico» – YouTube

EL GRITO – Trailer

El grito (The Scream) (Trailer) A film by Rodney Steve – YouTube

LAS CRÓNICAS DE VAN HAUS – Trailer

Mini promo de «Las Crónicas de Van Haus» (39 segundos.) – YouTube

LA ORDEN – Trailer

https://vimeo.com/136471645

EL LADO ESTE DEL CONVENTO – Trailer

El lado este del convento (Trailer) (The east side of the convent) A film by Rodney Steve – YouTube

Música

THE RODNEY STEVE BAND

«BY MY SIDE» – The Rodney Steve Band – YouTube

The Rodney Steve Band – TEMA – Discos

The Rodney Steve Band: Tema – YouTube

BY MY SIDE – #Quédateencasa – The Rodney Steve Band – YouTube

 

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