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¿Por qué atraen las historias de crimen, suspenso o terror?

Según la teoría psicoanalítica, “el crimen de las novelas policiales no es en realidad otra cosa que una evocación simbólica de la escena primaria…»

Murales del Ex Convento de San Agustín en Atotonilco el Grande, Hidalgo.

¿Por qué atraen las historias de crimen, suspenso o terror?

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

La literatura policiaca con el tema del crimen y el descubrimiento del culpable ha sido de interés de muchas generaciones y en muy diversas culturas.

Quizá son pocas las personas que no se olvidan de todo lo que las rodea cuando se embarcan en las lecturas, películas, series u obras de teatro de detectives como Sherlock Holmes de Conan Doyle (1859-1930), en las novelas de Agatha Christie (1890-1976) o con los relatos de Edgard Allan Poe (1809-1849).

Edgar Allan Poe y otros autores

Fernando Dogana[i] escribe que el propósito de diversos autores “y sobretodo de Poe, era el de avivar la curiosidad del lector con un enigma a la vez aterrador y absurdo, era escribir un relato reducido a lo esencial eliminando todo lo que pueda resultar superfluo, pero describiendo detalladamente todas las indagaciones llevadas a cabo para descubrir la verdad”.

Juego intelectual y excitación del misterio

Rambelli[ii] habla de que en la literatura policial coexisten “dos elementos contrapuestos entre sí: por una parte, el análisis racional y el puro juego intelectual; y, por otra parte, la excitación del misterio, de lo que produce ansiedad, de lo macabro y de lo irracional”.

Así se ha llegado a concluir mediante encuestas que algunas personas se identifican con la actitud activa y racional para descubrir el enigma, y otros con la actitud emocional o pasiva del gusto por el misterio.

Ante lo anterior, Dogana clasifica a los lectores de relatos policiacos en una doble tipología: “los primeros, activos, lógicos, intelectuales se identifican predominantemente con el investigador privado y hasta entran en competencia con él; los segundos, pasivos, emotivos, confían pasivamente en el investigador”.

¿Por qué tanta atracción?

Observamos cotidianamente cómo muchas personas ––desde niños hasta adultos y tanto varones como mujeres–– leen historias de crímenes, terror o suspenso, o asisten a verlas al cine o al teatro y, actualmente, en series de televisión en casa. La pregunta es ¿por qué, si a veces algunas personas hasta sufren mucho en esos momentos, poseen tanta fuerza de atracción?

Intentos de interpretación

Han existido diferentes intentos de respuesta como la afirmación de Sciascia[iii] de que se trata de una fuga de los pensamientos como regresión a la pasividad y a la evasión, como un pasatiempo.

Se han dado también interpretaciones sociológicas como la de Gramsci[iv] quien identifica las motivaciones en expectativas de las clases marginadas en cuanto a la justicia o actitudes hostiles hacia la policía.

La teoría psicoanalítica

Sin embargo, podemos tener más luz ––aunque siempre deberá verse cada caso en particular–– a partir de la teoría psicoanalítica.

El psicoanálisis es una técnica específica con la que se trabaja en diván; sin embargo, algunos psicoanalistas se han ocupado del tema y “concuerdan en sostener que el origen de este interés por las narraciones policiales se encuentra en una de las situaciones típicas nucleares del desarrollo psicosexual infantil, en la llamada escena primaria”[v].

Murales del Ex Convento de San Agustín en Atotonilco el Grande, Hidalgo.

Escena primaria

El creador del psicoanálisis Sigmund Freud denominó “escena primaria”, también llamada originaria o primitiva, a “la observación real o fantaseada, por parte del niño de las relaciones sexuales de los padres”[vi].

Esta experiencia provoca angustia en la mayoría de los niños y generalmente es interpretada por ellos como un acto de violencia por parte del padre. En su libro La interpretación de los sueños Freud escribe: “Ya he explicado esta angustia indicando que se trata de una excitación sexual que (el niño) no es capaz de controlar mediante la comprensión y que sin duda es apartada porque los padres están implicados en ella”.

También señala que es un elemento que raras veces falta en el conjunto de las fantasías inconscientes que pueden descubrirse en todos los niños.

De este modo, según la teoría psicoanalítica, “el crimen de las novelas policiales no es en realidad otra cosa que una evocación simbólica de la escena primaria y la sensación de suspenso, de angustia, de pavor, sería una reedición de la curiosidad y de la angustia suscitadas por la observación de las relaciones sexuales entre los padres (o por las fantasías construidas sobre tales relaciones)”[vii].

Dominar una experiencia pasiva

Rycroft[viii] interpreta que el placer de descubrir al culpable y de experimentar sensaciones de ansiedad se realiza mediante un conocido mecanismo de defensa: “el de dominar una experiencia traumática sufrida pasivamente reviviéndola de manera activa”.

Esto aclara esa necesidad característica del lector de novelas policiales que lo motiva a releer constantemente el mismo relato o variaciones del mismo tema.

El padre es la víctima

Pedersen-Krag[ix] dice que “la víctima es el padre contra el cual el lector (el niño) alimentó sentimientos edípicos negativos”.

Recordemos que en el llamado Complejo de Edipo tanto el niño como la niña desean ser el único objeto de amor de la madre por lo que el padre será siempre el rival.

También coincide en que se “trata de revivir y dominar activamente experiencias traumáticas infantiles que alguna vez debió sufrir pasivamente”. Para entender mejor este punto, podemos pensar en personas que vivieron traumáticamente un sismo por muertes cercanas o destrucción de la vivienda y cuyo trabajo psicológico consiste en recordar y hablar del suceso como un mecanismo interno de apropiación y dominio del evento. El inconsciente a través de sueños repetitivos del sismo colabora a ese fin.

La escena primaria como factor de erotización

La escena primaria, real o fantaseada, tiene consecuencias en la vida anímica de las personas. De allí también puede producirse una erotización inconsciente como la que vive aquel que disfruta que su pareja tenga relaciones sexuales con otra persona con la condición de que lo dejen ver. Algunos, aún más, solicitan que sea a través del ojo de la cerradura (como probablemente debe de haber ocurrido en su infancia).

El lector como culpable

Las lecturas policiacas también pueden tranquilizar al lector. Dogana[x] afirma que como la víctima es el padre contra el cual el lector alimentaba sentimientos hostiles resulta claro que “el culpable es una personalización de los sentimientos inconscientes que el lector experimentaba por el padre”.

Esto puede ser así en virtud de que en el inconsciente es posible la coexistencia de identificaciones múltiples, de manera que el lector puede identificarse con el detective como un héroe positivo que encuentra algo (como el niño) o también con el culpable.

El verdadero criminal es otro

“Al final el verdadero criminal siempre es descubierto y eso tranquiliza al lector que puede sentirse completamente ajeno al caso”[xi].

Rycroft sostiene que los autores de novelas policiacas están en sintonía con la necesidad de los lectores de negar su culpa y por ello le aportan fantasías “en las cuales la pregunta `¿QUIÉN FUE?´ encuentra siempre respuesta en un autoabsolutorio `YO NO´”.

Pregunta final

Y tú, ¿cómo vives las historias de crímenes, suspenso o terror?

[i] Fernando Dogana, Psicopatología del consumo cotidiano, Barcelona, Editorial Gedisa, 1984, p. 210.

[ii] Cfr. Fernando Dogana, ibid.

[iii] Cfr. Fernando Dogana, op. cit., p. 211.

[iv] Cfr. Fernando Dogana, op. cit., p. 212.

[v] Fernando Dogana, op. cit., p. 213.

[vi] Fernando Dogana, ibid.

[vii] Fernando Dogana, ibid.

[viii] Cfr. Fernando Dogana, ibid.

[ix] Cfr. Fernando Dogana, op. cit., p. 214.

[x] Fernando Dogana, ibid.

[xi] Fernando Dogana, op. cit., pp. 214 y 215.

 

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No existe el subconsciente

¡Te traicionó el inconsciente!

Ilustración de Fernando García Álvarez.

No existe el subconsciente

Para Freud, no existe nada debajo de la consciencia

El prefijo griego sub significa `abajo´

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

¡Lo traicionó el subconsciente! es una expresión que escuchamos con frecuencia. Y quienes la afirman creen que es una buena aplicación de un término psicoanalítico.

Sin embargo, el subconsciente no existe en la teoría freudiana.

De hecho, Sigmund Freud usó muy pocas veces la palabra subconsciente como sinónimo de inconsciente.

Era un término que se usaba en la psicología y psicopatología en esa época, es decir, antes de 1900. No obstante, el creador del psicoanálisis abandonó muy pronto su uso.

Únicamente dos citas en Freud

En su artículo “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”, redactado en francés en 1893, se encuentra una única cita. Allí escribe acerca del recuerdo de las impresiones psíquicas: “La imposibilidad de la eliminación es notoria cuando la impresión permanece en el subconsciente”[i].

En el libro Estudios sobre la histeria, escrito junto con Joseph Breuer de 1893 a 1895, aparece en una ocasión en el “Historial clínico de la Sra. Emmy von N.” en donde Freud habla de “fragmentos del complejo subconsciente”[ii]; aunque es preciso aclarar que el término subconsciencia o subconsciente es usado en diversas ocasiones en la llamada “Parte teórica”, pero que fue escrita por Breuer.

Rechazo del concepto y el término subconsciente

Muy pronto Freud rechaza el uso del término subconsciente. Encontramos en sus obras cuatro menciones específicas de rechazo:

1.En la interpretación de los sueños (1900)

Así en su libro La interpretación de los sueños lo dice tajantemente: “Debemos evitar la distinción entre supraconsciencia y subconsciencia, a la que es tan aficionada la literatura actual sobre las psiconeurosis, ya que esta distinción parece insistir precisamente en la equivalencia entre el psiquismo y la consciencia[iii].

2.En lo inconsciente (1915)

En su libro Lo inconsciente, Freud[iv] insiste al decir: “no nos prueba la existencia en nosotros de una consciencia segunda, sino la de actos psíquicos que carecen de consciencia. Podremos también rechazar la designación de “subconsciencia” por incorrecta y descaminada”.

Ilustración de Fernando García Álvarez.

3.En la conferencia “resistencia y represión” (1917)

En la decimonovena de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis Freud[v] le dice a su auditorio: “Me gustaría oír de ustedes la admisión de que nuestras designaciones ` inconsciente, preconsciente, consciente´, son mucho menos perjudiciales y de justificación más fácil que otras que se han propuesto o han entrado en uso, como “subconsciente, paraconsciente, intraconsciente, y similares”.

4.En ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (1926)

Para el descubridor del psicoanálisis, pues, no existe nada debajo de la consciencia lo cual es expresado por el prefijo griego sub (`abajo´), por lo que rechaza el término subconsciente.

De este modo en su libro ¿Pueden los legos ejercer el análisis? el médico vienés[vi] es sumamente claro: “Cuando alguien habla de subconsciencia, yo no sé si, tópicamente, mienta algo situado en el alma por debajo de la consciencia, o, cualitativamente, una consciencia otra, por así decir subterránea. Es probable que ni él mismo tenga una idea clara. La única oposición admisible es la que media entre consciente e inconsciente”.

Conclusión

Como hemos podido apreciar, Freud se opone abiertamente al concepto y al término subconsciente por lo que, cuando escuchemos que alguien nos diga: ¡Te traicionó el subconsciente!, podemos tener la certeza de que esa persona no ha leído con detenimiento al creador del psicoanálisis. Tendría que haberte dicho: ¡Te traicionó el inconsciente!

Aclaración

Con objeto de que haya más claridad, me he permitido escribir los términos de acuerdo con las directrices de la Real Academia Española: consciencia: ` percepción o conocimiento´ (es el sentido de la teoría freudiana); conciencia: `capacidad de distinguir entre el bien y el mal´ (sentido moral).

“El adjetivo correspondiente, en todos los casos, es consciente, y su antónimo, inconsciente. No son correctas las formas conciente ni inconciente[vii].

[i] Sigmund Freud (1893), “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas” en Obras completas, Tomo I, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976, p. 209.

[ii] Sigmund Freud (1893), “Estudios sobre la histeria” en op. cit., Tomo II, p. 89.

[iii] Cfr. Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona, Editorial Labor, 1971, p. 414.

[iv] Sigmund Freud (1915), “Lo inconsciente”, en op. cit., Tomo XIV, p. 167.

[v] Sigmund Freud (1917), “Conferencias de introducción al psicoanálisis” en op. cit., Tomo XVI, p. 271.

[vi] Sigmund Freud (1926), “¿Pueden los legos ejercer el análisis?” en op. cit., Tomo XX, p. 185.

[vii] Cfr. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Bogotá, Distribuidora y editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., 2005, p. 158.

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Examen médico-psicológico sobre la relación amorosa

«…by-pass urgente de reencuentro.»

Marcha conmemorativa de la masacre estudiantil el 2 de octubre de 1968. Zócalo de la CDMX. Foto Fernando García Álvarez.

Examen médico-psicológico sobre la relación amorosa

“Check-up por siete especialistas”

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

¿Cómo se encuentra nuestra relación de pareja?

¿Cómo nos sentimos en el amor?

¿Puede hacerse un diagnóstico médico-psicológico sobre cómo nos sentimos con nuestra pareja?

Para hacernos un check-up sobre nuestra relación amorosa debemos acudir a siete especialistas. Esta revisión nos permitirá saber nuestras condiciones en esa tarea fundamental en la vida que es amar y ser amado.

Los especialistas a visitar son los siguientes:

1.Oftalmólogo: examinará la visión para detectar si nuestra pareja es mirada “con los mejores ojos” y que el sujeto revisado pueda ver más allá de las cosas negativas.

Si fuera necesario, prescribirá anteojos para mirar mejor las cualidades del otro o lentes de “contacto” más cercano.

2. Otorrinolaringólogo: revisará si el conducto auditivo tiene tapones que impiden escuchar claramente y sin distorsiones lo que dice nuestra pareja. En caso necesario, hará el lavado correspondiente para mejorar la escucha.

También inspeccionará la garganta para descubrir si las palabras se expresan de manera inadecuada por “irritación” y si se necesitan toques locales de cariño para que fluya la voz sin molestia.

Asimismo, detectará si no existe por ahí alguna afonía que implique que algo se esté callando.

3.Ortopedista: tomará radiografías de cuerpo entero para revelar si no hay fisuras o fracturas en la relación que impidan los movimientos amorosos y románticos adecuados y que no se tropiece al menor obstáculo.

Marcha conmemorativa de la masacre estudiantil el 2 de octubre de 1968. Zócalo de la CDMX. Foto Fernando García Álvarez.

4. Internista: medirá la temperatura para ver si es la indicada para la pasión que debe haber así como la presión arterial para vigilar si la ternura no está baja. Asimismo, deberá revisar el estado general que guarda la relación y, si está anémica, recetará vitaminas con una dosis alta de B12 para potenciar la fuerza amorosa. También podrá examinar con ayuda del dermatólogo cada rincón de la piel y observar si hay un recuerdo de la persona amada, casi como un tatuaje.

5. Cardiólogo: aplicará un electrocardiograma para localizar si las arterias no están bloqueadas de rencores y abastecen correctamente al corazón de amor, comprensión y perdón. Si es necesario recomendará un by-pass urgente de reencuentro.

6. Psicoanalista: comprobará si cada uno entiende las diferencias en la manera de ser de cada persona y la importancia especial de ser amada para ella y de amar para él. Si fuera necesario, podrá sugerir un tiempo individual para encontrarse a sí mismo en el diván y que como consecuencia se mejore la relación de pareja. Hará ver que el que más ama es el que debe correr al reencuentro en caso de dificultades y no necesariamente el que se equivocó.

7. Sexólogo: verificará si existe un buen entendimiento sexual sobre la base de que ella generalmente disfruta la sexualidad a través del amor y el romanticismo, y que él generalmente llega al amor a través del sexo. Enfatizará que hay que dedicarle tiempo a la intimidad ya que “cuando el sexo está bien, generalmente lo demás está bien”. Puede prescribir ejercicios en pareja, en caso necesario.

Tratamiento indicado en todos los casos:

Vasos llenos y mezclados de pasión, ternura y compromiso (son necesarios los tres ingredientes; si falta alguno será una bebida incompleta y carente de sabor). Pueden tomarse todos los que se deseen o gusten.

Fuente: en Internet circula un correo breve del que he tomado la idea general que he enriquecido y que inspiró este texto.

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¿Cómo se dice y se escribe: libido o líbido?

Se dice que es difícil definir el término libido…

Esperando al deseo en el Rule de la Ciudad de México. Ilustración de Fernando García Álvarez.

¿Cómo se dice y se escribe: libido o líbido?

¿Qué es? La libido es la energía psíquica sexual

M. en T. Psic. Carlos Chávez Macías

Quizá, en diversas ocasiones, hemos escuchado decir que el alcohol incrementa la libido o la “líbido” o que alguien por las presiones o tensiones de la vida diaria la tiene disminuida.

 Aún profesionales de la salud o de la psicología y comentaristas en los medios de comunicación con frecuencia mencionan “líbido”.

¿Qué es lo correcto?

 La Real Academia Española[i] en el Diccionario panhispánico de dudas precisa que: “Es voz llana: [libído]”. Y añade: “No es correcta la voz esdrújula líbido, debida al influjo del adjetivo lívido (amoratado o pálido) con el que no debe confundirse”.

La razón es que libido proviene de la palabra latina libido, libidinis que significa: inclinación, deseo, voluntad; también sensualidad o liviandad, y antojo o capricho. En latín también se dice con “u”: lubido, lubidinis.

¿Qué significa?

 La Real Academia Española define en su Diccionario la palabra libido como: “Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más variadas manifestaciones de la actividad psíquica”.

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, declaró en relación con el término “haberlo tomado de A. Moll. De hecho, se encuentra repetidas veces en las cartas y manuscritos dirigidos a Fliess, y por primera vez en el Manuscrito E (fecha probable: junio de 1894)”[ii].

Se dice que es difícil definir el término libido. Catherine Desprats-Péquignot[iii] lo explica como: “Energía psíquica de las pulsiones sexuales que encuentra su régimen en términos de deseo, de aspiraciones amorosas y que, para Freud, da cuenta de la presencia y de la manifestación de lo sexual en la vida psíquica”.

Esperando al deseo en el Rule de la Ciudad de México. Ilustración de Fernando García Álvarez.

Energía psíquica sexual

 Aunque el psicoanalista Carl Jung concibió la libido como energía psíquica no específica en todo tipo de tendencias, Freud la entiende como “energía de todo lo que se puede englobar bajo el nombre de amor, al Eros de Platón. Freud llega a llamar libido a la energía del Eros”.

Ante la posición de Jung, Freud escribe: “El nombre de libido permanece reservado a las tendencias de la vida sexual, y únicamente en este sentido lo hemos empleado siempre”[iv].

Así, la libido es un concepto cuantitativo de una energía que puede aumentar, decrecer o desplazarse como ocurre en la sublimación de la creación artística o la actividad intelectual.

También la libido aparece como opuesta a otra forma de energía no sexual.

Jacques Lacan rechaza una única forma de energía vital como afirmaba Jung. Sostiene, como Freud, que la libido es exclusivamente sexual.

La libido coincide con el eros de platón

Freud se refiere frecuentemente en sus obras al Eros de Platón. Ve este concepto del filósofo griego muy cercano a la pulsión sexual.

En su libro Tres ensayos de teoría sexual evoca la fábula que Platón en su obra El banquete (385-370 a. C. aprox.) pone en boca de Aristófanes: “La división en dos partes del ser humano, que desde entonces aspira incesantemente a volver a encontrar su mitad perdida para unirse a ella. A Eros, el Amor, Platón nos lo muestra como el deseo, siempre desprovisto y siempre en busca de lo que pueda apaciguarlo, satisfacerlo, yendo sin cesar tras lo que le falta para ser colmado”[v].

Freud señala que, de este modo, el psicoanálisis no ha creado nada nuevo y que el término libido coincide con el eros en cuanto a sus orígenes, manifestaciones y sus relaciones con el amor sexual.

Sin embargo, se niega a cambiar el nombre para que se reconozca su idea de la sexualidad ampliada, concepto que no es equivalente a genitalidad. Así escribe: “Aquellos que consideran la sexualidad como algo que avergüenza a la naturaleza humana y la rebajan son perfectamente libres de usar los términos más distinguidos de Eros y erótica (…). Nunca se puede saber hasta dónde se va a llegar de esta manera: se comienza por ceder en las palabras y luego se termina cediendo en las cosas”[vi].

Disfrute de la libido

Así pues, la libido es la energía psíquica sexual.

Pero más allá de la precisión en el concepto, lo importante es que los seres humanos disfruten adecuadamente su libido. Porque, si se me permite el buen humor, “lívido (pálido) se queda alguien si le disminuye la libido”.

[i] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Colombia, Santillana, 2005, pp. 271 y 272.

[ii]Laplanche-Pontalis, Diccionario de psicoanálisis, Barcelona, Editorial Labor, 1971, p. 210.

[iii] Catherine Desprats-Péquignot en Roland Chemama, Diccionario del psicoanálisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1998, p. 254.

[iv] Catherine Desprats-Péquignot, op.cit., p. 255.

[v] Cfr. Catherine Desprats-Péquignot, ibid.

[vi] Cfr. Catherine Desprats-Péquignot, ibid.

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