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Morisma de Bracho

El oro puro en el que se funde lo auténtico proviene del corazón de los zacatecanos…

La Morisma de Bracho

Román A. Rendon

Una de las más importantes, emblemáticas y vistosas fiestas tradicionales de México es la legendaria Morisma de Bracho que se celebra cada año en la ciudad de Zacatecas el estado del mismo nombre y que en este 2020 cumpliría 180 representaciones. Lamentablemente fue suspendida para evitar contagios por la pandemia de covid que azota todo el mundo y que en nuestro país se deja sentir hasta en los más recónditos poblados.

En opinión de propios y extraños La morisma de Bracho es la fiesta popular de mayor arraigo en el estado debido a su gran tradición y la multitudinaria participación voluntaria del pueblo zacatecano tanto en la preparación, como en la realización e interpretación a través de sus antiquísimas cofradías, como en el acompañamiento y alegría con las que los espectadores entusiasmados disfrutan la actuación de familiares y amigos una celebración del pueblo para el pueblo.

Con una antigüedad de 179 años apenas interrumpida un par de ocasiones en su devenir histórico tiene como escenario el cerro de San Martín, desde donde los participantes se precipitan en raudos movimientos al combate hasta llegar a la explanada en Las Lomas de Bracho situadas a espaldas del cerro de la Bufa.

Esta singular escenificación de la Batalla de Lepanto ocurrida el 7 de octubre de 1571, es protagonizada entre dos ejércitos por una parte los turcos o Moros y su contra parte las tropas cristianas, entre las que destacó en aquel entonces la participación del escritor Miguel de Cervantes Saavedra autor de Don Quijote de la Mancha. Esta colorida puesta en escena tiene como esencia una mixtura dramática en la que cabe también la muerte de Juan el Bautista, bajo la orden de Herodes Antipas; la muerte del pagano Almirante Balán en manos del emperador Carlomagno y el triunfo cristiano sobre los turcos en Lepanto, siendo así una alegoría que recrea tres hechos importantes de la historia bíblica y medieval, al narrar las batallas entre moros y cristianos en los siglos VII y XVI.

Esta fiesta tradicional religiosa, histórica y cultural en honor a San Juan Bautista tiene lugar desde la época virreinal en 1836 cuando se constituyó en Zacatecas la Cofradía de San Juan Bautista gracias en parte a la prosperidad económica por el auge minero con la extracción de oro y plata y generalmente se celebra el último fin de semana de agosto de cada año convirtiéndose así en una de las más añejas e importante del país, cuentan el número de actores en más de 14 mil personas en sus ultima representaciones de 2019 y a la que acudieron más de 70 mil espectadores para presenciar entre el retumbar marcial de los tambores, los disparos de los fusiles y el olor a pólvora el principio del enfrentamiento con el desafío del temible almirante Fierabrás a Carlo Magno y sus doce pares. En lo sucesivo al avanzar la puesta en escena serán las decapitaciones de Juan el Bautista y el rey moro otras de las espléndidas estampas.

Los devotos de San Juan Bautista manifiestan su fe con variados sacrificios corporales, como recorrer de rodillas cerca de un kilómetro de calles empedradas desde la entrada a Bracho hasta el altar del templo además de participar (muchas veces con la intención de pagar alguna manda) en las batallas de tres días de duración, sin importar las condiciones climáticas, sea bajo el ardiente sol, las mañanas heladas o la intensa lluvia.

En medio de un fervor que va más allá de lo religioso se puede disfrutar del nutrido desfile que parte del centro de la ciudad en el que participan la totalidad de las tropas Moras y cristianas que en lo inmediato rivalizan en el orden, disciplina, galanura de atavíos, colorido de uniformes, esplendor de banderas y estandartes que con los cantos marciales de sus innumerables bandas de guerra acuden en una especie de pase de revista a presentar honores a la capilla de San juan Bautista.

El oro puro en el que se funde lo auténtico proviene del corazón de los zacatecanos que desde diversos municipios del Estado también han participado por generaciones legando entre familias los oficios y cargos investidos de honor y responsabilidad como ser nombrado comandante de batallón, mayor o general, nombramientos que otorga la cofradía de San Juan Bautista. Es tan arraigada la tradición que se puede afirmar que no existe una familia en la que no haya al menos un actor y lo común es que toda la familia participe dando vida a la herencia de sus antepasados al encarnar moros o cristianos siempre en honor a “San Juanito”. La costumbre de participar en estas batallas ficticias ha pasado de generación en generación actuando del lado de los jenízaros o integrando los tercios de la santa alianza, siempre sufragando las familias absolutamente todos los gastos por el vestuario, utilería, escenografía y cualquier requerimiento para la monumental celebración en la que el gobierno del estado queda al margen de participar en las decisiones importantes.

Entre las muchas cosas dignas de asombro por su bella y artesanal factura como son los uniformes, armas, pertrechos, gorras, turbantes, banderas y avíos de las cabalgaduras destacan las mochilas de los Moros en las que su dedicada preparación deja ver como en una amorosa pintura una exquisita naturaleza muerta que se engalana con infinita variedad de jugosa frutas, deliciosas verduras y apetitosos fiambres de impecable disposición y mejor gusto, siempre coronados por una espléndida y descomunal pieza de pan blanco de sal estilo baguete francesa y que en algunos lugares también llaman birotes.

Es a todas luces evidente la dificultad de narrar en unas líneas la opulencia de esta fiesta popular, incluso las fotografías y el video están lejos de transmitir la experiencia de vivir La Morisma de Bracho que a manera de la celebración del 5 de mayo en Puebla o San Juan de Aragón en la Ciudad de México tiene como esencia el alma de ser pueblo mexicano y se ha convertido un referente obligado para quienes pretendan saber qué tan profundo es el amor de los zacatecanos por su tierra y por su gente.

Deseamos con fervor que en el 2021 estemos libres de contagio o al menos con una vacuna disponible para poder darnos cita el mes de agosto en la ciudad de Zacatecas y después de acompañar el desayuno con un vasito de pulque encaminarnos por esas calles de cantera rosa y empedrados hasta fundirnos hermanados en esa multitud pletórica de alegría, generosidad  orgullosa de su historia.

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